Superando retos, venciendo miedos.

Desde que nacemos nos pasamos la vida superando retos. O venciendo miedos, que es otro modo de enfocar el asunto.

De entre los recuerdos que han conseguido pasar el filtro de los años, hay uno que tiene que ver, precisamente, con esto. Han pasado más de 30 años pero el recuerdo es muy vívido: tengo 7 años, justo la edad que tiene ahora mi hijo, y estoy en la Piscina Provincial de mi ciudad aprendiendo a nadar.

El cursillo dura una semana y el útimo día el profesor de natación nos dice que tenenos que saltar a la piscina en la parte donde hay más profundidad, intentar tocar el suelo con los pies y subir nadando. Con el transcurso de los años he pensado en esto, y es lo más parecido a una prueba de valor que he hecho en mi vida.

Me toca saltar de los últimos, así que puedo ver como, uno a uno, mis compañeros pasan por tan delicado trance: unos lloran, otros se lanzan a las profundidades sin pensar (yo)… ¡otros parecen disfrutar y todo! Y claro, también hay quien es absolutamente
incapaz de hacerlo.

Cada persona reacciona de modo diferente ante el miedo, pero es obvio que la inmensa mayoría lo tiene ( y el que no, lo que tiene es un problema grave). Y yo creo que una gran parte de lo que somos lo marca, precisamente, cómo gestionamos ese miedo.

En la foto que acompaña éste texto, tenemos a Diego ante el que fue uno de sus primero retos. Pasar un puente de madera. Lo que para nosotros es una ridiculez, para él es un puente colgante sobre un precipicio. En ese momento medía menos de un metro, no lo olvidemos.
Y encima tiene a su padre con la dichosa camarita y metiéndole presión:
“¡Venga Diego, que está chupado!”

Diego se paró delante del abismo, y se concentró. Habíamos cruzado varias veces juntos , pero al final parecía que ya quería volar solo. Yo disparo la cámara…¡Click!. Y queda para el recuerdo una foto que me inspira mucha ternura.

Quizás esta es una de las tareas más duras de ser padre, yo puedo ayudarle a cruzar, pero antes o después, deberá hacerlo él solo.

Así que al final, Diego se armó de valor, y cruzó.

Así es la vida.

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