Colores

Sabía que esto me iba a emocionar. He aguantado como un campeón hasta el minuto 2:31, cuando el padre ha cogido los dibujos de sus hijos y, como él deseaba, los ha podido ver por primera vez en todo su esplendor. Ahí me he desmoronado emocionalmente, aquejado de un fuerte ataque de empatía paterna aguda agravado por el hecho de que, justo al mismo, tiempo se me ha metido algo en el ojo. En el lacrimal, concretamente. Qué casualidad. 

Da un poco de rabia ver cómo el ser humano se acostumbra tan fácilmente a todo. Un atardecer, es un espectáculo en sí mismo. Hay uno cada día. ¿Cuánto hace que no disfrutas de uno?

Demonios, me estoy volviendo un flojo, siento como los niveles de testosterona se vacían inexorablemente ante la belleza de una emoción sincera y el maravilloso y extraordinario espectáculo de lo cotidiano… Maldita sea…¡Otra vez!. Voy a partir un poco de leña con los dientes para compensar: ¡ÑAC!-¡ÑAC!-¡ÑAC!-¡ÑAC!

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