La propaganda del Lidl es el opio del cuarentañero

Llego al portal. Miro el portapropaganda: está lleno. Me acerco a él intentando controlar la ansiedad… Y entonces veo los colores mágicos: amarillo, rojo, azul. No hay duda, ya han repartido el nuevo folleto del Lidl.

Miro a derecha e izquierda mientras pienso -o quizá susurro- ‘mi tesoooroooo’ y fantaseo con todas las cosas absurdas y fantásticas que habrá dentro. Y luego pienso: ¿pero en qué me he convertido?¿En un señor mayor? y lo lanzo lejos, pero se abre por la sección de galletas alemanas a euro los dos kilos o por la fuente de dos chocolates a 29.95 o por la panificadora, qué decir de la panificadora… Y lo recojo del suelo, avergonzado, mientras lloro por mi juventud perdida.

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