Caperucita blanca

Caperucita blanca llevaba ya un buen rato en casa de la abuelita. Desde la cama, el lobo, burdamente disfrazado, contestaba una a una a las absurdas preguntas de la niña, relamiéndose del gusto, anticipando el atracón de niña cegata (“pero qué dientes más grandes tienes, yaya”, o sea, ¿en serio?), sorda (¿pero bueno, esta niña no diferencia la voz de su abuela de la de un lobo cazallero?) y un poco lerda, que se iba a meter entre pecho y espalda, en tan sólo unos minutos. Si tenía suerte, la madre habría puesto en la cestita unas buenas magdalenas con jalea de arándanos, estupendas para rematar la cena con un sabroso y nutritivo postre.

Absorto como estaba en sus pensamientos, no se percató de un pequeño detalle. Caperucita blanca había sacado unas bifocales y un sonotone de su riñonera de Scorpions y le miraba con una cara de loca que provocaba escalofríos. Sin darle tiempo a reaccionar, vio como la pequeña sacaba un cuchillo jamonero de su cesta de mimbre, pegaba un salto ninja sobre la cama y de un solo movimiento le seccionaba la yugular. Lo último que recuerda, mientras la sangre brota a borbotones regulares, al ritmo de los latidos de su corazón es a su madre loba diciendole: “no te fies de las niñas de la Antonia, Caperucita Blanca y Dora la Exploradora, que están las dos locas de atar, fíjate que la Caperucita ha repetido 7 veces 3° de la ESO, y la Dora habla con un mono invisible…”.

Muerto el lobo, y con la capucha de la parka blanca completamente teñida de sangre, Caperucita, a partir de entonces, “la roja”, sacó un teléfono de última generación y escribió dos palabras en el grupo de whatsapp “Ya no semos hunos personages de cuento ñoños” del que era administradora: “Ovgetibo cunplido”.

A tan sólo unos kilómetros de allí, un corderito blanco como la nieve, guardaba el IPhone 7 en su mochila de AC/DC: era su turno. Se acercó a la puerta de su madriguera y con la vocecita más infantil que fue capaz de entonar, le pidió al lobo que enseñara la patita por debajo de la puerta. En cuanto la vio aparecer, puso en marcha la motosierra…

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5 comments

  1. carlos · noviembre 9

    Jajaja. Ya me has “alegraolanoche” gracias. Un abrazo

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  2. Brutal.
    Por fin un cuento con final coherente..

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  3. @lidiacastro79 · noviembre 10

    Jajaja qué versión más buena!! Un saludo.

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  4. sadire · noviembre 10

    Jaaaajjjjj pensaba que era la única loca que se divierte distorsionando los cuentos y viendo las caras de sus hijos. Por supuesto no tan gores…pero parecidos

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  5. torpeyvago · noviembre 11

    Genial, «sinpalabrasmasdejao». Y eso es difícil.

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