¿Sí, dígame? No se oye nada papá. Debe estar roto…

Estábamos hace un par de días disfrutando del museo de Caja Granada cuando en una de las salas vi expuesto un teléfono de los de disco, de los que había cuando yo era pequeño, allá por el Pleistoceno.

APOSTILLA: observen que digo “había”, no “tenía”, porque cuando yo era niño, en mi casa no teniámos teléfono. De hecho, los que había a nuestro alcance se podían contar con los dedos de una mano: en la calle (cabinas, a lasque me molaba mucho entrar, para jugar a Superman, hasta que vi la peli de Mercero y López Vázquez), en el locutorio de Telefónica (un lugar lúgubre al que no me gustaba nada ir) y en casa de nuestra vecina Matilde, que era tan amable que nos dejaba usarlo para hablar con mis abuelos que estaban en el pueblo, en Priego de Córdoba, a más de 600 km. Que por cierto para concertar una cita para hablar por teléfono en el locutorio entre mis abuelos y mis padres, ¿cómo debian quedar?¿se escribían una carta antes para concretar el día y hora en que iba a tener lugar la conversación? ¿Telepatía? En fin, tengo que acordarme de preguntarle estos detalles a mis padres.

Bueno, el caso es que como soy bastante dado a las performances públicas, en cuanto vi el teléfono, raudo y veloz, dije:

—Hijo, te voy a hacer una foto con periféricos obsoletos. Coge el teléfono y di: ¿DIGAMELÓN?

Mi hijo, que en un porcentaje bastante elevado de las ocasiones ignora vilmente mis órdenes y hace falta que se las repita tantas veces que me hace temer por su salud auditiva (aunque lo descarto enseguida, porque cuando su madre y yo hablamos bajito de temas sensibles, él, desde la otra punta de la casa exclama: ¿DE QUÉ HABLÁIS?, lo que he de confesar, me da un poco de miedo, hasta el punto de que a veces me descubro pensando: ¿tendrá poderes?) o por mi falta de liderazgo paterno (lo más probable, porque aunque suene a tópico, en mi casa mando menos que el de los teclados de Camela), se lanza con sorpendente inmediatez a hacer lo que le digo, porque él también es mucho de performances. Así que, descuelga el teléfono y, ejem, se lo acerca a la oreja como veis en la foto, al tiempo que dice:

—¡Jajajaja! ¿Así papá, así?

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¿Está el enemigo? Que se ponga

 

REACCIONES:…estupor….. risa nerviosa… ¡Click! (hago la foto)…miro a Teresa y ambos emitimos un gran surtido de ‘Jajajaes’ y ‘Jojojoes’ demasiado agudos. Nos reímos con la boca, sí, pero si alguien nos hubiera mirado a los ojos… ¡ay!, entonces habría percibido en ellos nuestro miedo, el terror ante el paso del tiempo que se escapa, que fluye inexorable como los ríos que van a parar a la mar, que es el morir.

Y cuando las últimas carcajadas se van extinguiendo como estelas de estrellas fugaces, me vienen a la cabeza varios imágenes en forma de flashes:

1) Las señoras que cuando le dan un micrófono, en lugar de acercárselo a la boca, instintivamente se lo acercan al oído, porque no lo han usado nunca. Y causan hilaridad, pena y también ternura, claro.

2) Me veo a mí mismo, explicándole a mis nietos que aún uso dispositivos electrónicos táctiles de principios del siglo XXI, aunque ahora todos porten integrados chips intercraneales de última generación porque no me aclaro con su funcionamiento.

3)Y por último pienso en si, dentro de unos años, cuando mi hijo tenga mi edad y su propio hijo intente conectar el obsoleto puerto mental multimedia de mentevisión en el enchufe de la cafetera intergástrica de cápsulas biónicas Nespresso, mi hijo, también se reirá de él y después emulando a Don Hilarión, también dirá con un punto de tristeza aquello de que las ciencias (que es como decir los tiempos) adelantan que es una barbaridad.

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3 comments

  1. torpeyvago · agosto 2, 2016

    Del «¿mesesiente…?» al «Conexión telepática perdida. Inténtelo de nuevo en unos minutos» habrán pasado unas décadas, habré perdido el poco pelo que me queda, mis dientes. Y, probablemente, mi dignidad.

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  2. Elficarosa · diciembre 2

    ¡Me encanta esos teléfonos! Mis bisabuelos tenían uno y me lo he quedado yo, me lo quiso quitar telefónica pero me negué en rotundo a dárselo. Soy granadina, por lo que leo tu también, al menos eso me ha parecido. Por cierto guapo niño y encantador post, me has hecho sonreír y sentir nostalgia por mis bisabuelos…Un abrazo.

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  3. sadire · diciembre 2

    Genial como todo lo que escribes!!😆

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