#CosasQueHacerUnDomingo

Practicar a conciencia la bipolaridad gastronómica o montañarrusismo dominical (en cuatro fases).

FASE 1: pasarte todo el día comiendo marranadas como un animal de bellota y meterte entre pecho y espalda unos doscientos mil trillones de kilocalorias vacías, llenas y de todos los tipos que existan. Jugar con tus familiares más cercanos a ver quién es capaz de ingerir más aditivos “E”. Comer pipas de girasol con chocolate, o mortadela con patatas fritas onduladas. Innovar. Fusionar. CREAR. Porque eres un hombre del renacimiento en general, y un Miguel Ángel de las guarrindongadas en particular.

 FASE 2: por la noche, arrepentirte muy fuerte y pretender hacer un reset nutricional y de lorzas, cenando sólo fruta y un yogur.

FASE 3: poco antes de la cena convencerte de que lo del reset no va a funcionar porque es físicamente imposible volatilizar la media bolsa de picos camperos con Nocilla de hace tan solo unos instantes y acabar preparando una cena excesiva y caótica, con todas las sobras dulces y saladas del fin de semana.

FASE 4: en la cama, a oscuras, con ardores, reflujo,  gases y pesadez de estómago —¿o es tu alma, que llora?, quizá debiste decir NO a esas galletas Granola del resopar-de-justo-antes-de-ir-a-dormir que engulliste con los ojos cerrados tras autoconvencerte de que, si todos los expertos aseguran que lo ideal es hacer 5 comidas al día, todavía lo será más hacer 6, 7 u 8— , sufres una alucinación muy vívida en la que un par de enfermeros de NaturHouse te llevan en grúa al quirófano en donde te implantarán un balón gástrico del tamaño de una pelota de Pilates. Entonces tienes una epifanía y te incorporas en la cama al tiempo que gritas ¡NO! como en las películas cuando se despiertan de una pesadilla, y en ese preciso instante sabes que tu yo débil y zampón ha muerto, y que acabas de renacer de tus cenizas cual Ave Fénix y, de modo solemne e implacable —pues de repente te importa mucho tu salud y tu cuerpo es tu templo y blablabla—, decides ponerte a plan de inmediato.

Y al domingo siguiente, igual.

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4 comments

  1. Totalmente de acuerdo.
    Más si, además, trabajas los domingos noche.

    Aquí ando, enfrascado* en buscar trabajos alternativos hasta las dos. Hora en la que el poner en marcha maquinaria y hornos me obligarán a estar activo.

    * Buscar por todas las oficinas abiertas, a ver si por casualidad, doy con la llave dónde han encerrado los lotes de navidad.

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  2. Marieta · diciembre 19

    Como te entiendo!
    Cada lunes estreno lista de buenos y saludables propósitos que casi nunca llegan al miércoles, pero es que los picos camperos con Nocilla están tan buenos!

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  3. Letras caninas · diciembre 19

    Jajahaha, verídico!!.

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  4. torpeyvago · diciembre 19

    Hoy me has decepcionado. Normalmente eres muy detallista y hoy has despistado… ¡¡LOS LÍQUIDOS!!
    Añadir a lo anterior doce latas de mau, media botella de tinto, un brick abierto de donsimón que se está avinagrando… más, un puñado de latas varias a punto de caducar —nestí sabor albóndigas, sandi de sandía, búcler cero de gas— combinadas con restos de mueble bar y un maratón de series de la red.

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