Demasiado tarde

Y todas las navidades, la misma historia: “Chusito, venga, apaga la tele, que vamos a montar el Nacimiento”. Y yo: “Jo mamá, ¡déjame en paz, que ahora va Torrebruno! ¡Y no me llames Chusito! Me llamo Jesús, como papá”. Y ella: “si te refieres a ese que tenía por costumbre arreglarlo todo a palos, cuanto más lejos, mejor”. Y entonces sí, entonces yo mismo me encargaba de montar el Belén: pastores lanzados contra el mueble bar —no hables así de mi padre—, cabras en el río de papel Albal, —se ha ido por tu culpa—, patos por toda la salita, —ojalá no fueras mi madre—, la Sagrada Familia, volando por la ventana… Y después portazos, gritos, lloros y más portazos. Y Doña Ángela, por el patio de luces, a voz en grito: “¡Maríaaaaaaa! ¿Qué os pasa? Ahora subo y te echo una mano con ese crío”

Qué ganas tenía de hacerme mayor y perderlos de vista a todos: a Doña Ángela, a mi madre, a las figuritas, a las montañas de papel arrugado que simulaban ser montañas pero que en realidad eran sacos de pienso. A tener que ir a buscar musgo con el Pepe, el nuevo novio de mamá, que la trataba muy bien, vale, pero que era un flojo y un papanatas.

Así que, en cuanto pude, me marché.  Y viví como quise, sin belenes en Navidad.

Hoy he vuelto a casa, como en el anuncio. En cuanto traspaso el umbral, el olor a mi propia infancia me abofetea, y empiezo a sudar. Mientras Pepe prepara café, me cuelo en la salita. Y allí está, esperándome: el Nacimiento. El mismo de entonces, con las figuras llenas de desconchones, la mayoría están rotas y pegadas cien veces. Las mismas montañas de papel arrugado. El mismo río de papel Albal. La que no está es mamá. Ni lo estará ya nunca. La enterramos hace dos horas. Y la verdad, no sé qué hago abrazado a la figura de la Virgen María y sin dejar de llorar. Con lo que odio este Belén.

#CuentosDeNavidad

 

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5 comments

  1. torpeyvago · enero 6

    Estremecedor.

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  2. antoncaes · enero 6

    Cierto es que a veces cuando queremos darnos cuenta de que le decimos a un ser querido que le odiamos, solo lo decimos para hacer daño, pero realmente no lo sentimos, cuando queremos ponerle remedio ya es demasiado tarde.
    PD. El cuento de lo reyes que has borrado era muy bueno. 🙂

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  3. herreiere · enero 6

    Pinche Karma…

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  4. anacentellasg · enero 6

    Ay que tristeza deja…

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  5. Susana Molina · enero 7

    Conmovedor

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