Esas pequeñas bestias ruidosas

Página de mi diario como Papá en Prácticas, correspondiente al 17 de noviembre de 2008. Diego tiene 8 meses. Yo, 35 años.

Hace un par de sábados llovió. A mí siempre me han gustado los días lluviosos, sinónimo de un libro, una mantita… Esos dias en los que cuando llega la noche ya has ingerido 2 millones y medio de calorías -y aún se tiene el cuajo de cenar- y tienes los ojos inyectados en sangre de la cantidad de televisión que has visto. Eso era ANTES de Diego. Porque ahora pasar un día de lluvia entero en casa con Diego es imposible. A Diego no le motiva el canal Disney más alla de 20 minutos. Y jugar, en fin… Ayer me dejó jugando con sus juguetes mientras él iba a buscar a su madre, para ir de paseo: si el papá quiere jugar, que juegue, pero mi paseo vespertino es sa-gra-do… Teatralización : Diego: ¡Uh! ¡Uh!…pegando palmotazos en la puerta para que salgamos de casa (os juro que lo hace, el tío los tiene cuadraos) Yo: Bueno, ¿Qué hacemos? Tere: Pues habrá que salir… Yo: ¡Ya lo tengo, vayamos al Family Center! (se trata de un centro de ocio familiar con piscinas de bolas, cacharritos sacacuartos diversos, cafetería, etc, a donde se lleva a los niños para que quemen la energía que en casa podrían emplear en malezas como romper cosas o autolesionarse) INCISO: Aquí un narrador omnisciente diría con la voz engolada: Y tomaron la peor decisión posible…¿Como se les ocurre ir al Family Center un sábado lluvioso? Se mascaba la tragedia. Y allá que nos fuimos inocentes camino del centro familiar. Al llegar, abrí la puerta y una bofetada de aire cálido sacudió mi cara. Los sentidos trastornados por el calor, fueron despertando. Primero fue el del oído… Yo: Teresa…¿Es mi imaginación o ahí dentro hay gente herida gritando de dolor? ¡Rápido llama a una ambulancia! Pero no, sólo eran niños chillando como si estuvieran todos locos. Los gritos eran como los de la niña del video de abajo, pero multiplicados por mil. Por cierto, el video no tiene desperdicio. Se trata de un informativo en el que nos cuentan que los niños están expuestos a quedarse sordos por los chillidos que se meten unos a otros. Al pobre presentador la niña chillona le pilla completamente desprevenido y claro, pasa lo que pasa…

En fin, velando por la salud auditiva de nuestro Diego y por la mental de sus progenitores, intenté dar media vuelta, pero Diego driblando a su padre, o sea yo, ya corría hacia adentro atraído por los colorines y las luces, como los insectos al fluorescente maléfico. Aún así intenté detenerlo, vive Dios, pero definitivamente, era demasiado tarde… Diego había establecido contacto visual con su entorno y el scanner le había arrojado al menos dos sitios a los que debía subir o nos lo haría pagar caro. Esa noche no comería bien, o no dormiría o nos infligiría algún otro castigo similar. Antes de que pudiéramos darnos cuenta ya estaba intentando encaramarse a un coche de carreras profusamente adornado con pegatinas de ‘Botafone’, literalmente. Y el coche era un ‘MacLauren’ o algo así.Los derechos de autor, ya se sabe… Afortunadamente escogió el coche y no los payasos picaruelos: DSC03943

Cosas que un padre no está preparado para escuchar: ¡Papá mis prefes son los payasos con el culo en pompa! 

Despues de un rato en el coche ( el coche va con un euro pero a Diego no le gusta que los cacharritos sacacuartos se muevan así que no echamos el euro y lo subimos igualmente PROS: nos ahorramos el euro. CONTRAS: aquí se pasa desapercibido, pero en las cafeterías pequeñas nos miran raro) Diego quiso ir al tiovivo, un poquito más para adentro. Y después…a la piscina de bolas, en pleno centro neurálgico del local. Probablemente se estaban celebrando 5 cumpleaños a la vez. A la izquierda había unos 200 padres merendando los bocadillos de mortadela de sus hijos y a la derecha otros tantos niños sin zapatos y sudando. 200 niños, 400 pies. La escena era Dantesca. Juro que vi como un grupo de niños se estaba dando de golpes con unas niñas por la pugna de una especie de balancín con forma de foca. Eso parecía el Bronx. Vinieron a mi mente escenas de ‘El señor de las moscas’ y ‘Los niños del maiz’. Vamos, allí se cae una anciana y la devoran como una colonia de hormigas salvajes a un escarabajo pelotero en un documental del National Geografic. Padres con la mirada perdida se hacían los locos ante los arrebatos de violencia arrabalera de sus pequeños vástagos… En cuanto a la piscina de bolas… Los niños podían entrar, pero una vez dentro eran engullidos por la marabunta de niños que aparecían por entre las bolas como si fueran el monstruo del pantano… Diego metió un pie. A su lado cuatro niños locos y uno pequeñito panza arriba con su padre un poco nervioso ya porque no llegaba a cogerlo… Mira que Diego no es lo que podríamos denominar el colmo de la movilidad, pero trepaba por la red para salir de aquel antro infernal como una lagartija mientras profería ¡uhs-uhs! como un poseso. Una vez debidamente traumatizado lo sacamos de allí y volvimos a casa todos un poquito más sabios de lo que salimos. Diego, con toda probabilidad cuando pase por la puerta de uno de esos locales saldrá huyendo como alma que lleva el diablo y nosotros aprendimos que salir de casa para meternos en otra parte tampoco es una solución. Más vale tenerlo rebotado en casa un día que aguantar a 200 de niños que no te tocan nada. Dar un paseo bajo una moderada lluvia otoñal tampoco es una opción a desdeñar. De hecho, eso hicimos y fue una experiencia estupenda. Algo en mi fuero interno me dice que me tragaré cada una de las palabras de éste último párrafo y, cuando dentro de unos años, Diego sea invitado a uno de esos cumpleaños, quizás lo mire y vea a uno más de esos niños chillones y, también quizás, yo me haya convertido en uno de esos padres con la mirada perdida y la guardia ‘distraída’. Que probablemente, es como deba ser.

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4 comments

  1. herreiere · septiembre 18, 2015

    Yo vi los niños del maíz y eran mas civilizados que cualquier ente que puedas encontrar en divertilandia.
    Eso incluye a los chicos de 16 años que están obligados a trabajar en esos locales en lugar de… hacer lo que se suponga que hagan los chicos cool de 16 años.

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  2. Marcos Ferreiro · octubre 7, 2015

    Ocho meses tiene, has dicho. Sobre los dos años, su osadía supera sus habilidades y es ahí donde tus sobresaltos aumentan de forma exponencial. Y sí, cerca de los cuatro, la guardia empieza a “distraerse”.
    Saludos y suerte!
    Me he reido con este post.

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  3. Estrella RF · noviembre 11

    Como habrás deducido en mi comentario anterior, ya soy abuela, ¡sí, abuela! y de un diablo con dos patas que tiene cuatro años y es un torbellino, además vive en mi casa y sé bien de lo que hablo. Así que ¡qué me vas a contar que no sepa! menos mal que tenemos la capacidad de perdonar sus diabluras una y mil veces, de hecho las seguimos perdonando cuando tienen 35 años…
    Un abrazo.

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  4. anacentellasg · noviembre 11

    Pero bestias, bestias… Hay que hacerse una nube y hacer vida social con los demás papás y mamás nube…

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