Cantando con los auriculares puestos, todos somos Plácido Domingo. Pero no.

A veces, cuando tengo los auriculares puestos me crezco, y canto, sí, canto como Joselito aunque, en lugar de un pequeño ruiseñor de las cumbres, tenga más bien la pinta de un pequeño pterodáctilo del jurásico, las cosas como son. Que canto, decía, y con la vibración eléctrica de mis cuerdas vocales, con mi chorro de voz pristina, argentina y cristalina deleito a transeuntes, automovilistas y señoras/señores que van al Súper a comprar el surtido diario de aceite de Palma, porque habitualmente efectuo mis artísticas performances mientras hago ejercicio por la calle, vestido de colores fosforescentes que no combinan en absoluto porque me pongo lo primero que pillo, y muy, muy sudado, porque yo en cuanto muevo un poco mi cuerpo serrano, sudo a chorros, sí, tenéis razón, quizá podría haber obviado estos dos últimos datos. Y soy, además de un portento de la naturaleza, un ecléctico, que lo mismo te canta el Nessum Dorma, que temas más contemporáneos como este que ponen a todas horas del “Déjame traspasar tus zonas de peligro hasta provocar tus gritos y que olvides tu apellido” (que viene siendo un ¿te has depilao, Maruja? Pues ven acá p’acá que te voy a poner mirando a Cuenca y vamos a hacer el 50 sombras de López right now), “El Pepinaso” de Los Payasos de la Tele featuring Leticia Sabater o la de “Súbeme la radio y traeme el alcohol que quita el dolor” (que digo yo que podría ir él a hacer ambas cosas en lugar de andar rascándose la huevada en el sofá). Y la verdad es que teniendo tanto talento como tengo, que la gente decida cambiarse de acera en lugar de hacerme los coros o incluso salir de sus coches para hacer una coreografía grupal que sin conocerse de nada, todos ejecutan a la perfección como en Fama o en La La Land (me fascina esa coordinación conjunta. Yo he intentado ser la chispa que prende la llama del baile colectivo y sincronizado, levantándome a bailar el primero y lo único que he conseguido es que me echen de la biblioteca, de dos cafeterías y de la Iglesia de mi barrio y llamadas en masa al 112 “porque a un tipo le está dando un chungo”), pues todo esto debería haberme dado alguna pista sobre mis facultades musicales. Pero no, siempre he preferido vivir en la ignorancia, hasta hace un rato.

Iba hoy caminando con mi Santa, por la Vía Verde de Oropesa del Mar, cuando en mi Playlist de Spotify “Retorno al Pasado” han empezado a sonar los ¡UH! y las primeras notas de Eloise, en la versión que Tino Casal hizo del tema que Barry Ryan popularizó en el 68 y que es uno de esos raros casos en los que una versión trasciende más que el original.

-Pero hijo ¿qué haces maltratando así el organillo Casio que te regalaron tus tíos los que nos odian, para la comunión? Han venido los vecinos a quejarse.

-Mamá déjame tranquilo, déjame vivir, estoy aprendiendo a tocar el sintetizador por mi cuenta, con el método aporreador de los góticos moreno y rubio del video de Eloise.

-¿Y eso incluye aporrearlo con la tapa de la cacerola en la cabeza, al camisón de la abuela y la boa de plumas? ¿No te dije que no sacaras la boa de plumas del cajón prohibido de papá y mamá?

-Chi. Quiero el virtusismo de los góticos tenebrosos aporreadores, y el look del de la guitarra. Lo quiero todo.

-(Ojalá nos hubieramos comprado una pareja de agapornis como quería tu padre… )

-¿Qué?

-Nada, nada…

Recuerdo perfectamente la primera vez que escuché esta canción: estaba yo en el sofá de mi casa repantingado como Enriquito Iglesias cuando le pide a sus compis que le suban la radio y le traigan el alcohol “que quita el dolor”, (que soy yo y le pongo la emisora del Losantos y le llevo el Betadine, menudos huevos tiene: ¡ve tú hombre!¡Muévete un poco!), y la pusieron en los 40 Principales. Debía tener yo unos 14 años y recuerdo que pensé “¿Pero qué magia maravillosa y sorprendente es esta?”…

Pero eso fue hace 30 años y podía permitirme estar repantingado en el sofá. Ahora tengo que salir a quemar la megalorza que se ha instalado alrededor de mi cintura, y en ello estaba insisto, (es que con tanta divagación alguien igual se ha perdido) hoy, por la Vía Verde, con mi mujer, y varias docenas de desconocidos, y con los auriculares puestos, cuando ha sonado el tema del gran Tino Casal. Pues oye, cuando me he querido dar cuenta estaba cantando 🎵ELOIIIIIIIISEEEEEEEEE DOLOR EN TUS CARIIIICIIAAAAAAAS🎵 en falsete y en unas frecuencias de espectro hiperagudo en la escala cuántico-absurdi, que debían estar interfiriendo en las comunicaciones por teléfono móvil y volviendo locos a los perros de media provincia. Mi mujer me ha mirado y no ha hecho falta que diga nada. Su ojos han hablado por ella. Y creedme no me estaban diciendo “qué suerte tengo de haberme casado con un profesional de la canción, todos nos miran de pura envidia” u “OTRA, OTRA” o “QUE LA REPITA, QUE LA REPITA”. NO. Estaba diciendo pareces un mono aullador. Pero yo, como la conozco pues he seguido cantando porque sé que lo hace para que mejore. Para que crezca como persona. Aunque esa mirada… Hum, esa no se la había visto nunca.


VIERNES DANDO LA NOTA

El Viernes dando la nota es un carnaval de blogs en el que todos los blogueros participantes dejamos una canción y entre todos hacemos del viernes un día lleno de música.

Si quieres participar, sólo tienes que publicar en tu blog una entrada con una o varias canciones que te gusten, que signifiquen algo especial para ti, que quieras que descubramos, que no puedas quitarte de la cabeza… y enlazarlo al Viernes dando la nota. ¡Tienes tooooooda la semana hasta el siguiente VDLN!

Recuerda viejas canciones, rememora momentos, conoce nuevos artistas, y sobre todo, ¡baila, canta y diviértete!

Si quieres saber más, conocer las reglas, y cómo participar puedes verlo todo aquí.

Para ver los blogs que participan esta semana, pincha en el botón de la rana azul. 😉



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2 comments

  1. torpeyvago · 15 Days Ago

    Hace tiempo que descubrí, gracias a las amables menciones de mis vecinos, la diferencia entre vocear y cantar. Aún así, de cuando en cuando, al desgaire, me da por ahí y me sale esa agradable y maleducada voz, mezcla de reverberación tinajosa y carraca metálica que acaba siempre con una intervención, necesaria, de la Benemérita. Y mi mujer diciendo: «Parece mentira que seas músico.»
    En fin, y que respecto a los agapornis, debo reconocer que en repetidas ocasiones, sacando a pasear al ganado por esas terracitas y parques públicos, me han dado ganas de decirle a alguna pareja que no tengan más, que yo les regalo un Geypermán o una Nancy, que con lo que han traído ya es suficiente para la humanidad.

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  2. Mamá Pingüino · 14 Days Ago

    Eloise es todo un himno, hombre! A mi también me gusta mucho y eso que me pilla bastante lejos pero es que hay canciones que sí o sí. Feliz semana!

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