Mi niño interior y yo nos vamos de rebajas. ¿Qué puede salir mal?

¿Sabes cuando…? Sí hombre, cuando te vienes arriba en las rebajas y decides que te sientes joven, porque la edad es solo un número, y tu niño interior, (el inconsciente que de pequeño pensó que podía ser buena idea meter la lengua en el enchufe), te convence de que debes empezar a vestir en consonancia con tu edad mental. Y entonces te metes en una tienda con mucho neón, en la que la música techno está demasiado alta para tu gusto pero en la que te entran unas ganas tremendas de pedirte un gintonic e, ignorando a los millenials que merodean por el local hurgando entre la ropa, enfebrecidos como zombis ávidos de cerebros, (¿esa dependienta a la que ya han revuelto las 700 camisas que acababa de doblar, está llorando y riendo a la vez? Sí, eso hace, la pobre) y que con la mirada te están diciendo “este se ha perdido”, decides que saldrás de esa tienda con algo moderno que espante a los fantasmas de la vejez que cada vez sobrevuelan más cerca tu cada vez más despoblada cocorota. Tras desechar probarte unos pantalones de esos que dejan los tobillos al aire, porque tú no te depilas y con ellos puestos piensas, con toda la razón del mundo, que parecerás un demente, o una camiseta “slim fit” que seguramente se adherirá a tus lorzas como una segunda piel, y eso no puede ser bueno para nadie, te decides por una chaqueta de esas acolchadas de un color eléctrico que están tan de moda y que seguramente hará que te parezcas al joven modelo del cartelón del escaparate, y de nada sirve que el sentido común al que tu niño interior ha encerrado en un recóndito rincón de tu cerebro, te esté diciendo a gritos que te acuerdes de aquella vez que le pediste al peluquero el corte de pelo del modelo de pómulos prominentes y mandíbula cuadrada que colgaba de la pared y al llegar a casa tu hijo se echó a llorar y tu mujer llamó, aterrorizada, a la guardia civil, porque parecías el sacamantecas, tú vas y te la pones. Y te miras en el espejo. Y cuando descubres que el muñeco de Michelín que te observa desde el otro lado del azogue eres tú, no lo asimilas, y sales huyendo del probador haciendo aspavientos con los brazos en alto y chillando muy agudo hasta llegar a “Modas Modesto, tallas grandes”, y una vez de vuelta en tu zona de confort, rodeado de ropa de cortes clásicos y colores neutros, coges a una americana talla 56 de color beige y te echas a llorar abrazado a ella, de pura felicidad.

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5 comments

  1. torpeyvago · enero 13

    ¡No me gusta ir de compras! ¡Que no, que no y que no, releñe!
    Y menos si te tienes que preguntar: ¿Corte entallado o «clásico»?

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  2. Francisco J. Martín · enero 13

    Jejeje fantástico, pura realidad con humor!!
    Saludos

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  3. sadire · enero 13

    Jaaaaaajjjjuaaaaaaaa

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  4. Las tejas rojas · enero 14

    Que mal acaban esos días que te vienes arriba y te sientes joven, aquí ando luchando con un corte de pelo moderno que me hice un día de esos.. Jajaja

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  5. Littlecatonthemoon · enero 21

    Muy bueno! jaja!

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