¡Que te comas los garbanzos!

Uno de los problemas más comunes en la infancia son los rifirrafes a la hora de comer. Por ejemplo: en mi casa se comía mucho potaje. Y a mí no me gustaba NADA, pero nada, nada el potaje de garbanzos. Y a mi madre no le gustaba nada, pero nada que yo no comiera lo que ella pusiera en la mesa, con lo sano que era todo. Y yo no podía comprender que ella no comprendiera que las cosas verdosas en general y las habas, los garbanzos y los cardos en salsa ( mi madre hacía todo eso…puaj) en particular mi cuerpo las percibía como algo muy nocivo, letal y mortal de necesidad.

El resultado: ríase usted de lo que sale por la tele en la ‘Supernanny’. En mi casa han quedado para la posteridad algunas horas de la comida memorables. Con ustedes el duo tragicómico : mi madre y yo.

ANECDOTA CON FLECOS DE TRAUMA: recuerdo (musiquita de arpa de recordar), que una vez me empeciné en no comerme un plato de patatas en salsa (¿Si a mí me gustaban fritas de toda la vida, por qué me las hacían cortadas a lo redondo y con una salsa que les quitaba toda la crujencia?¿Por qué lo hacías mamá?)

Mi madre: Cómete las patatas…Que no hay otra cosa…Que te vas al colegio sin comer…

Yo: ¡Pues no me las como, porque a mi me gustan fritas y bla, bla, bla… y no, y no, y no…y me da igual irme sin comer!’.

El ejemplo anterior es, lo que viene siendo, la típica lucha psicológica intergeneracional, con el agravante de que el tira y afloja tiene como protagonistas a dos personas con un carácter bastante parecido. Aunque, obviamente, siempre tenía yo las de perder por ser pequeño, por carecer de la oratoria necesaria para rebatir a mi progenitora y, por qué no decirlo, por ser un zampabollos del 15 que, de haber ido al colegio sin almorzar nada, se hubiera comido al primer niño de parvulitos que se hubiera caído en el recreo delante de él.

Resultado final de mi envalentonamiento: justo 10 minutos antes de la hora de irme al cole, mi orgullo se asustó con los ruidos procedentes del estómago y se alejó aullando cabizbajo al tiempo que devoraba las patatas ya frías. MADRE 1-HIJO 0

De todos modos, como ya he apuntado antes, mi béstia negra eran los garbanzos. Cuando llegaba del colegio y preguntaba : ¿Qué hay de comer?, y la respuesta era un escueto ‘comida’, ya sabía que negros nubarrones se cernían sobre la hora de comer.

INCISO: ¿Te has parado a pensar en lo que te contestaba tu madre a la pregunta del millón : ¿QUÉ HAY PARA COMER? Cada una tenía su fórmula. La mía simpre contestaba lo mismo:
‘cachorreñas’, que resulta que es un plato títpico cordobés – lo busqué hace poco en internet- que irónicamente, NUNCA comimos en casa.

Y es que mi santa madre, no es de las que van de farol, así que si no te comías los garbanzos para comer, realmente, te los ponía para merendar, o para cenar… El caso es que terminé cogiéndole el gustillo y merendé bocatas de potaje de garbanzos y de lentejas que eran como ladrillos, pero que a mí me gustaban cada vez más. Mi madre, pobre, debía alucinar en colores con la béstia parda de hijo que le había tocado en suerte.

Los expertos recomiendan hacer atractivas las comidas para que los niños coman de todo. Probablemente tengan razón y consigan algo con algún porcentaje de niños. Yo ,por mi propia experiencia, sé que aunque mi madre me hubiera triturado los garbanzos, les hubiera dado la forma de los personajes de Ulises31 (mi serie preferida) y me los hubiera presentado, no me los hubiera comido. Era así de repelente. Ya tendré tiempo de purgar mis pecados con mi propio hijo. Si las leyes de la genética siguen su curso – y parece que así es-, probaré mi propia medicina.

Ah, no lo he dicho, pero ahora echo de menos todos esos platos que antes me producían escozores. (Bueno, casi. Los garbanzos siguen en la lista negra) Y cuando voy a casa de mis padres, todos esos olores y sabores siguen allí y me atrapan en cuanto cruzo el umbral, llevándome derechito a mi infancia.

Qué raritos somos los seres humanos. O qué rarito soy yo.

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10 comments

  1. rockologia · abril 5, 2015

    Las esposas añaden contenido a nuestros hijos. La mía dice a la pregunta infantil ¿Qué hay de comer? un escueto “canguingos”, osea, no te lo digo que la liamos. Y si no está hecha la comida les suelta “patas de peces y alas de rana”. Un sin dios.

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    • Tavilac · abril 5, 2015

      Jajajaja! Oye, pues lo de “patas de peces y alas de rana” me parece genial. En una de estas que mi enano entre en bucle, lo voy a utilizar, a ver qué hace 😉 Un saludo!

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  2. danielagzn · junio 23, 2015

    Mi madre nunca consiguió domesticarme. A la fecha no como frijoles machacados, ni arroz ni nada que parezca que ya fue premasticado por un tercero o tenga muy mala pinta en general. Yo la verdad es que le ganaba: me daba de verdad igual no comer y a la fecha me da igual: prefiero no comer que zampar algo aguado y espantoso. Si mis hijos se ponen difíciles, bueno, ya sabemos que por no comer bien tampoco pasa nada. Yo estoy muy sana (menos de la mente, quizás).

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  3. Martes de cuento · junio 23, 2015

    Somos, somos raritos… ¿Aunque tanto?… ¿Bocatas de potaje de garbanzos y de lentejas? ¡madremía! 😀 😀 😀

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  4. herreiere · junio 23, 2015

    Nunca supe de eso.
    Yo me comía lo que se me atravesara…

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  5. Supereze · junio 23, 2015

    Como dato curioso. Cuando yo pregunto taba que hay de comer, mi madre, mi abuela mis tias y básicamente todo familiar femenino con la virginidad perdida tenía la misma respuesta

    “cagajones”

    En Canarias se le llama cagajones a los excrementos de cabra

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  6. Aurora Losa · junio 25, 2015

    Muy bueno.
    En mi casa, cuando preguntas qué hay de comer, la respuesta invariable es: “Canguingos y patas de peces”

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  7. torpeyvago · octubre 20

    Realmente jamás tuve problema para comer… por las sustancias. Bueno, sí, el «mojete» que sigo sin poder soportarlo, y el bacalao, por las cantidades inconmensurables ingeridas por obligación. Peeeeero sí que tuve problemas con el tiempo. Y es que a mí me gusta comer y disfrutar comiendo. Pero claro, tener que volver a la escuela a las tres, mi madre tenía que trabajar a esa hora, y cinco «marcianitos» más mi padre y mis abuelos, como que era mucho. En cierta ocasión me metió un huevo frito entero en la boca y me franqueó para la escuela.
    Mi madre decía siempre la verdad, lo que también hago yo con mis vástagos, pero mi señora esposa dice «refunfuños».
    Y si mi madre me invita a comer, yo encantado 🙂

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  8. Ana Fernández Díaz · octubre 20

    Me has recordado a mi madre….y de paso a cuando yo no comía nada y ella muy amable me decía: ojalá cuando tengas una hija sea tan mala para comer como tú y así sabrás lo que es este calvario……
    Mi madre dio en el clavo, me tocó!!!

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  9. Elficarosa · 12 Days Ago

    Mi madre me decía: chiflios de codorniz. No sé ni de donde viene. En mi caso eran las habichuelas, las odiaba a muerte. En mi tierra, chiflar es silvar. Lo pienso y me parto de la risa al recordar aquellos días de discusiones por la comida, ha día de hoy lo como todito.

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