Me gusta el olor a cabra. Sí, sí, habéis leído bien

A partir de cierta edad nos pasamos la vida buscando recuperar, aunque solo sea por un instante, alguna de las sensaciones que grabamos a fuego durante la infancia. Y por eso nos emocionamos con el olor a tierra mojada, el de la madera ardiendo en la chimenea o el de la tarta de galletas de la abuela, que además es bastante triste, porque llega un momento en que no te queda más remedio que reconocer que, tal y como ella la hacía, es imposible que vuelvas a probarla jamás, pues falta el ingrediente más importante de todos.


Y esto del aferrarse a las esencias de la infancia es así, no admite réplica, porque es la única explicación que le encuentro a que me guste el olor a alpechín (el desecho del aceite de oliva, que huele fatal), a granja, a corral o a cabra, directamente. Es lo que tiene haber pasado todos los veranos en el campo. O que me emocione escuchando folclore viejuno comoPrecaución, amigo conductor de Perlita de Huelva, o Madrecita María del Carmen“, de Manolo Escobar (lo que se escuchaba en mi casa, cuando yo era un mico).
La cosa es que, cuando comento este tipo de cosas en voz alta, mi hijo me mira raro :”¿el olor a cabra, papá, en serio?“, pero algo me dice que dentro de algunos años, me comprenderá…

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2 comments

  1. Gi · febrero 21, 2016

    Uy a mí me encanta el olor a vaca. Mi favorito 😀

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