Deseo cumplido

¡Cómo le picaba todo! Al principio no le dio importancia pero cuando, al rascarse una oreja, esta cayó dentro de su café, entonces se asustó de verdad y decidió acudir al ambulatorio.

Cuando la enfermera lo vio entrar, no pudo evitar lanzar un grito ahogado: al anciano le faltaban trozos de cabeza, aquí y allá. El doctor, tras consultar todos los tratados medicos que tenía en su librería, fue tajante: “se está usted desintegrando, le quedan unos diez minutos de vida”.

De vuelta a casa perdió la otra oreja, su nariz salió disparada tras un estornudo y notó como, uno a uno, los dedos de sus pies se desprendían y bailaban libres dentro de sus zapatos.

Al llegar, llamó al timbre y le abrió la puerta una niña desconocida, aunque con un brillo familiar en sus ojos: “rápido, pasa, está ocurriendo”, dijo con una gran sonrisa. En ese preciso momento, dos manitas infantiles emergieron del pecho del viejo.

Desde luego, los sueños tienen formas imprevisibles de hacerse de realidad.

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3 comments

  1. Aurora Losa · mayo 11, 2015

    Qué tierno.

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  2. torpeyvago · diciembre 1

    Qué renacer más bien contado. Pero hay que tener cuidado con lo que se desea: puede hacerse realidad 😉

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