Mirando fotos antiguas me pongo ‘Profunficial’ : profundo y superficial.

Cuando veo fotos antiguas, me pasan mil cosas por la cabeza.

No puedo evitar ponerme profundo y pensar en lo rápido que pasa el tiempo, en cómo, sin apenas darnos cuenta, nos marchitamos, envejecemos. Y entonces me entra una energía bestial, como si me hubiera bebido cuatro cafés (bueno ocho, cuatro, es lo normal), y me da unas ganas terribles de hacer cosas de esas que tengo en el tintero, de matricularme de una vez en Historia del Arte, de ponerme en firme a escribir alguna de esas historias que llevan madurando ya demasiado tiempo en mi cabeza,con el peligro de que se pudran.Todas esas cosas a las que les pongo la tan temida etiqueta de ‘más adelante’ o ‘ya tendré tiempo’ o la peor de todas: ‘algún día’. En muchos casos, un mecanismo de autodefensa para no tener que enfrentarme con el hecho de que algunas de esas cosas, si no lo remedio, no las voy a hacer NUNCA.

Y también me da ganas de llamar a mis padres, de abrazarles y de decirles que les quiero, que es algo que se da por supuesto pero que, por algún misterio insondable, a la generación anterior le ha costado mucho verbalizar (que no demostrar, sabes perfectamente cuando te están queriendo). Es curioso, porque yo le digo ‘te quiero’ a mi hijo y a mi mujer setecientas veces al día, pero por algún motivo que desconozco, en mi casa ( la casa de tus padres siempre será tu casa) nos queremos a muerte, pero no nos lo solemos decir. Mamá, papá, hermanas: os quiero.

Y después de ponerme profundo, me voy al otro extremo, me imbuyo del espíritu de cualquiera de los programas de Telecinco y me paro a observar las cosas más mundanas, terrenales y, por qué no, superficiales. Me fijo en las gafas de mi padre (¿dónde andarán? Se vuelven a llevar. Tengo que preguntar 😀 ), en el patrón de flores del vestido de mi madre. En los puños de su blusa. En los coches antiguos (modernos entonces) aparcados en la calle y en que había muy pocos. En que mi padre ahora se ha moderado bastante, pero por aquel entonces, solía llevar por lo menos dos o tres botones de la camisa desabrochados lo que le daba un aire de chulería. Que en la foto en la que estoy colgándome de los brazos de mis padres, mi madre parece una actriz italiana.

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En que mis padres tenían una predilección importante por el color rojo. Que éramos pobres, pero salíamos todos limpitos y perfectamente conjuntados de casa. En que odio los zapatos que me ponían de pequeño, que se veían todos los calcetines, y que me parecían de niña. (Ahora ya exigen lo que quieren ponerse con siete años, pero en aquella época, ¿Escoger nuestra ropa? ¡JA! ) En que en la foto del Paseo Ribalta no aparecen palomas, y mira que es raro, porque en aquella época había trillones.

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Que en la foto de estudio de mi padre tiene un look muy moderno y que, a la espera de saber si su nieto (mi hijo) ha heredado algo de su estilo se tendrá que conformar, como yo, con haber heredado sus cejas.

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Y me gusta comprobar que mi padre y mi madre siempre han ido en pack, como los yogures, así que son imposibles de separar y salen en todas las fotos juntos y arrimaditos. Y da igual que estén posando en medio de un campo de batalla, lleno de sacavones, ellos exudan estilo y glamur setentero en cualquier lugar.

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Las fotos son además un disparador de recuerdos: reconozco las calles del barrio donde llevo viviendo 40 años, a medio construir, sin asfaltar y llenas de charcos… Charcos de los que yo disfruté como un enano cuando iba al colegio (nuestros hijos no saben lo divertido que era esto,…Bueno, menos cuando te quedabas atascado en medio de un charco-lago con todos mirándote, apostando cromos de la Liga a ver si conseguías salir con, o sin botas de agua, o si te caías y te ponías perdido de barro…) y reconozco el solar donde está la plaza actual, aún rodeada por un muro en el que había un agujero por el que nos colábamos y… Madre mía, ahora que soy padre, prefiero no pensarlo, podríamos haber cogido el tifus de la porquería que había ahí dentro (pero que nos quiten lo bailao).

Y lo más espectacular, superficial y, en cierto modo, frustrante de todo: que, por mucho que yo le quisiera poner todo el empeño, jamás, en mi vida, seré tan moderno como mis padres en esas fotos. Eran, de lejos, mucho más modernos, más fashion y más todo, que yo a su edad. A veces pienso que hemos involucionado. Si saco yo una foto de mis 20 años, con las camisas de paramecios (cachemir, paramecios en la jerga de mis amigos) que se llevaban en los 90… Pero no, esas no las veréis, ñej, ñej.

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Con las camisas que me ponía con 20 años, he visto yo hipnotizar gallinas, gatos y conejos 

Por último, me pregunto si pasará lo mismo dentro de cuarenta años con las fotos que ahora hago compulsivamente y almaceno como poseído por una especie de síndrome de Diógenes digital en mi ordenador, en discos duros externos, dvd’s, tarjetas de memoria, teléfonos y cámaras. Si tendrán ese poder evocador y nostálgico.

No puedo evitar pensar que antes las fotos salían peor, pero se hacían con mejor criterio por una cuestión de necesidad. Ahora le haces 27 fotos al niño soplando las velas con la intención de escoger la mejor más adelante… Y lo peor es que rara vez lo terminas haciendo.

Sin embargo, antes sólo tenías un carrete de 12, 24 o 36 fotos que después había que revelar… y pagar. Nadie en su sano juicio le habría hecho fotos a sus pies, al almuerzo, a un anuncio del periódico o a una farola. ¡Es que ahora lo fotografiamos TODO!

Respondiendo a mi duda inicial: lo más probable es que no, nadie enciende un ordenador y ve fotos en familia. Es frío y tedioso ( ya sabéis, 27 fotos soplando las velas…).

Yo, lo tengo claro. Tengo que hacer una selección e imprimir algunas de las miles de fotos que abarrotan mi disco duro (y que nunca miramos) y ponerlas en un álbum, para que mi hijo se pueda emocionar algún día con ellas, como yo lo estoy haciendo ahora.

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3 comments

  1. María · marzo 20, 2015

    Esa idea tuya, me parece estupenda!!! No lo dejes pasar.
    Un abrazo…

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  2. eliasantosblog · mayo 6

    Me gusta como has descrito tus sentimiento por el pasado, sin duda compartimos ese sentimiento, me divierte pensar que de peque;a mi Madre me vestía con vestido vaporosos, medias blancas y encima también me ponía calcetines de varias capas de vuelo con zapatitos blancos de flores. ! Jamas pude negarme!

    Le gusta a 1 persona

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