De seda

Se pintó los labios, se rizó las pestañas  y se puso su mejor vestido. El de seda salvaje, escandalosamente corto. Había invertido dos horas en arreglarse pero, tras mirarse en el espejo, se sintió feliz con el resultado. Le lanzó un beso a su reflejo, y salió de casa subida en sus plataformas de 17 centímetros, dispuesta a darlo todo en la pista de baile y convencida de que esa noche, al fin, iba a encontrar el amor.
Sin embargo, y a pesar de la euforia, la mona evitó usar rímel. Siempre se le corría al llorar.

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3 comments

  1. Martes de cuento · mayo 11, 2015

    😀 😀 ¡Qué bueno!

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  2. Elficarosa · mayo 26

    Jajajajaja, por dios, esa monaaa!
    Abrazos.

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