El Corte Jurásico

Y cuando desperté, el dependiente de El Corte Jurásico, un tal Monterroso López, seguía allí, erre que erre: “¿Puedo ayudarle? ¿Le saco alguna tallita?”… ¡Después de haberle dicho mil veces que sólo estaba mirando! Pero lo que acabó con mi paciencia, es que estando yo tan tranquilo probándome un jersey de cuello vuelto de lana de Triceratops, se acerca el fulano y me susurra al oído “deje que le ayude, porque con esas manitas, nos va a dar aquí el Cretácico, y cerramos en cinco minutos”. Así que lo aplasté de un pisotón, me lo comí y le eché las sobras a los pterodáctilos. No me escondo, sí, lo hice y lo volvería a hacer.

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