Reglas básicas para ir al súper

Cuando se va al súper hay una serie de cosas que todo el mundo debería tener en cuenta. Por ejemplo, hay que llevarse una rebequita para cuando pasas por la zona de neveras. En algunas grandes superficies la temperatura está tan baja que han encontrado a niños pequeños, de estos díscolos que se pierden en cuanto sus padres se dan la vuelta, al borde de la muerte entre los yogures Bio y los quesos de cabra. Pues bien, una de las reglas de oro sagradas para un gordo es no ir a comprar con hambre. Si lo haces, lo más probable es que termines gastando una gran cantidad de dinero en grasas trans, poli y monosaturadas, azúcares y calorías vacías. En DELICIAS, vamos. Por eso los gordos damos rodeos. Me explico: yo, para llegar a la frutería no voy por el pasillo del chocolate (el pasillo de la tentación),  voy por el de los detergentes (el Coral vajillas huele bien, pero no lo suficiente) . Trucos absurdos pero efectivos que empleamos los que no tenemos fuerza de voluntad, para engañarnos a nosotros mismos.

Pero hoy mi estrategia se ha hecho añicos.  A mitad de pasillo, a punto de conseguir el objetivo, mi nariz ha detectado un olorcillo apetitoso y, como un zombi sin voluntad, movido tan solo por el instinto primario de llenar la panza,  me he ido directo hacia la fuente de tan atractivo aroma.  Y hete aquí que he descubierto que Mercadona ha sacado a la venta VELAS con olor (quizás con…¿Sabor?) a ‘Galleta de miel’ y ‘Praliné de almendra’… Pero… Pero…¿Estamos locos? Me han dado miedo mis pensamientos (¿Comer velas? ESO SÍ QUE NO)así que he salido huyendo de allí, no sin antes hacer una foto al trampantojo gastronómico para dar fe de que mis ojos no me engañaban y no lo he soñado todo. Ahora no me quedará más remedio que volver a frecuentar el pasillo del chooOocooOoolaateeeeefffrrrssss… ¡¡BIEEEEEEN!! Digo…¡¡NOOOOOO!! ¡MERCADONA, YO TE MALDIGO!

Indiana Jones y la búsqueda de los ventiladores

Hoy he subido al trastero a sacar a los ventiladores de su letargo invernal y bajarlos a casa donde pasarán los próximos 3-4 meses trabajando sin descanso, y juraría que, al fondo, allá a lo lejos, donde hace mucho tiempo que no ha puesto el pie un ser humano, he visto el Santo Grial asomando entre una caja de revistas ‘Fotogramas’ del 97, un balón de Nivea a medio inflar, y la trona de Diego.Y en un rincón, dormitando sobre una pila de actualizaciones de la enciclopedia Larousse, al viejo caballero templario al cuidado de todos esos tesoros de valor incalculable.

Imbuido del espíritu de Indiana Jones, he sacado los ventiladores rápidamente y he vuelto a cerrar el trastero con mucho cuidado de no hacer ruido, para no despertarlo…

Igual va siendo hora de hacer limpieza y tirar unos cuantos trastos…

Cooking with Lour. Hoy: Flamenquines Calmaestra

¿Sientes que te falta algo, y no sabes lo que es? ¿Tu vida transcurre de forma anodina y te gustaría que fuera una vida colorida y activa como la que sale en los anuncios de la tele? Pues no sigas buscando, tú lo que necesitas es aprender a hacer flamenquines. Pero no cualquier flamenquín, no…El que se hace en mi casa, el que mi madre utiliza como señuelo para que sus hijos emancipados volvamos periódicamente al redil. LOS GENUINOS FLAMENQUINES DE CARMEN CALMAESTRA Y quién mejor para enseñarnos que la última en llegar al núcleo familiar, la benjamina que aterrizó cuando en casa ya se comían cosas modernas como pizza y comida china y aún así sucumbió también al embrujo del sabroso flamenquín Calmaestra. Por si fuera poco aliciente, nos lo explica en inglés. Sin más dilación os dejo con la nueva Julia Child: Lourdes Ávila Calmaestra en su primera videocreación ‘Cooking with Lour’. Enjoy!

La bicipercha

Señoras y señores que, fruto de un propósito de año nuevo demasiado optimista, un arrebato con el que tratar de expiar las comidas en el WOK buffet libre, o una enajenación mental transitoria al ver que esa camisa que te quedaba tan bien ahora muestra tal cantidad de carne entre boton y botón, que parece que lleves una ristra de butifarras por corbata, deciden gastarse un dineral en una bici de spinning, tan pero tan completa,  que sólo le faltaría darte conversación mientras pedaleas para dejar de ser una bici y pasar a ser un cyborg, pero que terminan utilizándola una vez, (o ninguna), y después una tarde, paseando con los niños por Decathlon, al pasar por la sección de bicicletas estáticas, estos dicen bien alto, para que todo el mundo se entere: “¡MIRA PAPÁ,  PERCHEROS CON PEDALES COMO EL DE CASA,  DONDE CUELGAS LOS PANTALONES!,  y ¡JAJAJÁ,  QUÉ BOBOS ESTOS DE DECATHLON, MAMÁ, QUE  LLAMAN A LOS PERCHEROS BICICLETAS!”. Y tú sales de la tienda como alma que lleva el diablo, pero no sin antes haber comprado media docena de las tabletas esas de chocolate blanco con avellanas que dan energía y parece que te de menos remordimientos devorarlas porque pone SPORT en el envoltorio y, por supuesto, habiendo comprado el ABS Generator Plus, una caja con cuerdas y chismes para accionar que esta vez sí vas a utilizar, porque últimamente has estado cenando mucho y oye, si las cuerdas las extiendes y las clavas en la pared, puedes tender las bragas y los calzoncillos y otras prendas delicadas dentro de casa, los días de lluvia.

Querido diario: ¿te acuerdas del ridículo que hice cuando fui a comprar manzanas ‘de las que crujen’? Pues hoy… He vuelto al mercado.

Querido Diario:

¿Te acuerdas del ridículo que hice cuando fui a comprar manzanas ‘de las que crujen’? 

Pues por lo visto, no tuve bastante, porque hoy… He vuelto al mercado.

He ido directo al puesto de verduras y he pedido la vez. Las señoras que había diseminadas por la parada sin orden ni concierto se han girado y mirado extrañadas…Como si en lugar de un atractivo joven con el pelo entrecano y una interesante barba ejerciendo de amo de casa, hubiera aterrizado ante sus ojos un extraterrestre baboso supurando pus: ¿pedir la vez con lo divertido que es colarse las unas a las otras?

Como yo insisto en pedir la vez, una señora me dice, literalmente:

-La última es mi hermana QUE NO ESTÁ, pero va detrás de mí. Yo me voy a por tomates allí- al quinto pino-, pero a mi hermana le tengo guardada la vez. Si viene, va ella.

Y se da media vuelta, y desaparece por un pasillo dando saltitos.

En resumen: no sé detrás de quién voy. El puesto es alargado y no paran de llegar marujas que se cuelan por todos los rincones.

Sudores fríos me invaden.

Delante de mí se coloca una señora/asesora que viene con su hijo/aprendiz al lado. Me recuerda a mí mismo, la semana pasada. Se han colado por la tangente y se han colocado justo delante de mí sin ningún tipo de rubor.
En ese momento, una señora, que está en el puesto de al lado se gira, me mira fijamente, y me dice:

-Aquí, si no espabilas, se te van a a colar todos.

Un escalofrío recorre mi espina dorsal. Joer, ha sido como en una película de terror cuando el que está más loco mira fijamente al protagonista y le suelta algo muy lúcido y muy terrorífico (¿Habéis visto ‘Los sin nombre’?). Envalentonado me dirijo a la señora/delincuente y le digo:

YO: Disculpe señora… ¿Ustéd es la hermana de la señora que tenía que venir?

ELLA: (sin dudarlo ni un instante) SÍ

En ese momento me doy cuenta de que el hijo mira hacia otro lado, avergonzado de los métodos rastreros que emplea la otrora santa mujer que le dio la vida. Eso acaba de decidirme: NO ME FIO.

Gracias a los dioses la señora que se fue a por tomates (por lo que ha tardado, ha debido ir a comprarlos a Murcia) aparece como por arte de magia y entonces yo, como si fuera el abogado fiscal hablándole al testigo principal del caso, en una película de juicios, le digo:

YO: ¡SEÑORA!…¿ES ESTA ES SU HERMANA?

SEÑORA DE LOS TOMATES: No, mi hermana está allí comprando aceitunas.

Entonces, dirigiendome con mucha rabia, pero muy digno, a la señora, le digo:

‘¡Ajá! Pues entonces, voy yo’.

¡JAJAJAJA! ¡Prueba superada! He ganado mi primera batalla en el mercado. De todos modos, algo me dice que no será la última. Porque ya domino el mundo de la hortaliza, sí, pero aún tengo que pasar la más dura de las pruebas… Tengo que comprarme unas cangrejeras para ir a la playa, así que la semana que viene voy al nucleo duro del mercadillo…

La semana que viene voy…¡A la zona de zapatería y textil!

Querido Diario: hoy he ido al mercado a comprar manzanas ‘de las que crujen’

Querido Diario:

Hoy he ido al mercado, a comprar manzanas. Había de tres clases: amarillas, rojas y verdes. Dentro del segmento ‘ROJAS’ que son las que me gustan también había varios tipos. Ante tal despliegue manzanístico me bloqueé automáticamente . ¿En qué se diferenciaban unas de otras? ¿Cómo sé si son buenas? Las señoras parecen tener un poder extrasensorial para deducir las propiedades organolépticas de la fruta o verdura, simplemente viéndolas, sin necesidad de tocarlas, (aunque también me he dado cuenta de que hay algunas que lo toquetean todo cuando el frutero no mira, igual ahí está el truco).

Y luego está el tema del precio. De camino al mercado, escuché una conversación de esas que te marcan a fuego:

Señora 1: Voy al mercado a comprar peras.
Señora 2: Pues no sé si merece mucho la pena… En el frutero de debajo de casa las peras están a 1,20 y hoy aquí están a 2 euros.

Yo las estaba oyendo y, al mismo tiempo, mi cabeza empezaba su ya habitual actividad independiente en forma de batería de preguntas:

1. ¿Cómo se saben el precio normal y comparado de las peras, por Dios bendito?

2. ¿Es lo normal? ¿ Debería yo saberlos también?

3. Con todos los alimentos que hay… ¿Se los saben todos?

4. Yo compro el pan todos los días… ¿ Por qué no consigo recordar a cuánto va la barra de pan?

Ya me toca. La dependienta me pregunta ‘¿Qué te pongo, cariño?’. Yo, que no estoy acostumbrado a la jerga de mercadillo en la que te pueden estar diciendo que te mueras pero siempre con el ‘cariño’ o el ‘corazón’ por delante, me ruborizo. Para acabarlo de arreglar, le espeto a la señora, a bocajarro:

‘Déme manzanas rojas de las que crujen, por favor’

¿Manzanas de las que crujen?¿He dicho yo esto? Acabo de cavar mi propia tumba. Soy un cliente pésimo y tanto mi lenguaje verbal como el no verbal le está diciendo a gritos a la frutera:

‘Soy un mindundi fácilmente engañable. Póngame toda la fruta podrida que tenga.’

La señora me mira raro, pero yo insisto:

‘Sí, de las que están ácidas, y crujen’

La señora frutera tiene el día minimalista y me mira, y me mira…

Yo:…Sí, crujientes…de esas que no son harinosas.

Señora Frutera: Fuji. Las manzanas que quieres se llaman Fuji.

Sí amigos, hay un universo paralelo formado por manzanas con nombres tan crípticos como Fuji, Reineta, Golden o Granny Smith…Y eso sólo las manzanas. Las peras aun tienen nombres más absurdos como ‘peras de agua’, ‘peras limoneras’ o ‘peras conferencia’. Tanto bombo con la asignatura de Religión y la de Educación para la ciudadanía, y yo me pregunto: ¿Por qué no dan éste tipo de información en los institutos? ¿Quien mueve los hilos para que vivamos en una especie de Mátrix manzanero? ¿Qué intereses ocultos tienen los gobiernos para que la población permanezca en la ignorancia? No lo sé amigos, pero algo huele a podrido en el mercado… Y no, no es una frase hecha. El día que yo fui olía fatal.

La frutera dirá lo que quiera, pero yo pienso que ‘Fuji’ no es un nombre para una manzana. Para un volcán, un ninja o un personaje de manga, sí, pero, ¿para una manzana? En cualquier caso, me lo callo que bastante he hecho ya el ridículo.

La señora me lee el pensamiento y mientras me pone las manzanas, me ofrece una sonrisa de superioridad. Quizás me está poniendo las Fuji que ella me ha dicho, o igual me está poniendo las del experimento con injertos que hizo su tío Anselmo antes de que lo encerraran en aquella ‘casa de pensar’. En cualquier caso, ella tiene el poder.

En eso llega mi madre y compra también manzanas. Me fijo en ella y me parece una señora desconocida, hablando una jerga extraña, refiriéndose a las manzanas con adjetivos ignotos para mí y entablando un pulso psicológico con la frutera, tal que así (dramatización inspirada en hechos reales):

Madre: Pónmelas buenas que si no, ya no vengo más. Que la última vez tuve que tirar la mitad. Esa no, que está pocha. Y a mi niño se las habrás puesto buenas ¿no? Mira que no vuelvo.

Frutera: Mari, cariño, si las encuentras mejores por ahí, cómpralas. Pero lo dudo. Toma, corazón, ya verás que buenas. La pocha te la regalo. ( Pa´ chula yo) Y si al niño le salen malas las manzanas que me las traiga, que yo se las cambio.

Dios mio, qué tensión. Miedo tenía a respirar por si alguna decidía que yo tenía la culpa de algo y se me tiraba a la yugular.

PREGUNTAS SIN RESPUESTA: ¿Por qué las mujeres se llaman ‘Mari’ entre sí, aunque se llamen algo tan alejado de ‘Mari’ como Ninotschka o Jaimita?

REFLEXIÓN: Es curioso cómo cambian tus padres cuando los ves en una situación ajena al ámbito familiar. Me pasa con mi madre y también con mi padre. Recuerdo cuando de pequeño me iba ‘a trabajar’ con él en el camión y lo veía hablar con los otros camioneros. Parecía una persona diferente. Haciendo bromas y hablando de temas distintos a los que tocamos en casa. Era extraño y bonito a la vez. Me pregunto si los hijos llegan alguna vez a saber cómo son sus padres realmente. A conocerlos de verdad.

Está pasando: en España, si pronuncias bien en inglés, la gente te mira raro, y se ríe de ti, o no te entiende

Hace un par de horas, en la taquilla del cine:

Yo: Dos entradas para ‘Birdman’, por favor.

(Deben saber vuesas mercedes que yo he pronunciado algo así como  [bɜːdmæn]…….espacio para que me llaméis repelente…….. ¿Ya? Pues sigo: esto es lo que tiene trabajar en un departamento de exportación, que a veces pronuncias las cosas como más o menos corresponde, aunque tampoco es que yo hable la lengua de la pérfida Albión como si hubiera nacido en Oxford, ¿eh? Los angloparlantes nativos con los que hablo a diario os lo pueden confirmar).

Taquillera: … ¿Qué?

Yo: (me quedo en silencio más tiempo del estrictamente necesario pensando si soy un tipo valiente y, mirándola a los ojos le repito [bɜːdmæn], o soy un cobarde y le digo: )

‘BIRMAN’, dos entradas para ‘BIRMAN’ (como suena en castellano, vamos)

Taquillera: ¡Ahhhh, BIRMAN! Aquí tiene.

Y me he marchado de allí rápidamente sin establecer contacto visual con la gente que hacía cola y que debía estar pensando que había recibido mi merecido por repelente. Hombre ya, ¿qué es esto de pronunciar bien las cosas? Si uno pronuncia como toca, hay que reírse de él como toda la vida de Dios se ha hecho: ¡Jajajaja, dice que se ha comprado unas zapatillas ‘Naiki’ en vez de ‘Naik’, el pringao….

Y luego nos extrañamos de que a los españoles nos cueste tanto aprender idiomas, cuando la primera regla para ello es no tener vergüenza a equivocarse y querer mejorar, aunque a veces suenes ridículo.

Cuando escucháis a un hispanoamericano decir algo en inglés os suena chocante, reconocedlo, por lo demasiado bien pronunciado que está (o los doblajes: somos los osos Gummy (‘gaemmy’), ¿recordáis?), pero debéis tener en cuenta que ellos, en sus países, ven la tele y el cine en versión original subtitulada, así que educan sus oídos desde niños. Como curiosidad os comentaré que en algunos países latinoamericanos a R2D2 y C3PO de ‘La guerra de las galaxias’ se los conoce popularmente como ‘Arturito’ y ‘Citripio’ que sería la españolización de sus nombres en inglés (‘ar two di two’ y ‘Si three pi ou’).

En eso nos llevan años de ventaja. Y que conste que por aquí hemos evolucionado mucho. Ahora, los ‘Yedis’ de mi infancia ya son ‘Yedais’, ‘Espiderman’ ya es ‘Espaiderman’, el hijo de Kirk ‘Duglas’ ya lo llamamos,  con mejor criterio, Michael ‘Daglas’ y, con el paso de los  los años Tom ha dejado de ser ‘Cruis’, para pasar a ser ‘Crus’ a secas.

PD: Birdman es una de las mejores películas que he visto en mucho tiempo.