Si no quieres ser como estos, lee.

—¿Libro favorito?

—¡El de lomo!

—¿Podrías recitar de memoria algún verso de tu poema favorito?

—La poesía me da alergia, se me cierra la glotis… ¿Vale una canción?

—Sí

—”Cho cho cho fe pare el taxi, cho cho cho cho cho fe pare el taxi”.

—Y de Cortázar, ¿qué opinas?

—No me gusta. Al pan se la quito siempre.

—Enhorabuena, eres el nuevo tronista de Mujeres y Hombres y Bíceps-Berzas.

Microfotorrelato. Hoy: Cuestión de tiempo

Hoy es martes. Y los martes toca lentejas. Siempre. Todos y cada uno de los martes del año, llueva, truene o haga sol: lentejas. Cuando me las plantan delante yo arrugo el morro, claro y entonces mamá, siempre me dice lo mismo: “Toni, hijo, yo no me pienso sulfurar. Ahí tienes las lentejas, si quieres las tomas, y si no, las dejas”. Qué chispa tiene mi madre. Como si dejarlas fuera una opción. Algunas veces lo he intentado, ojo, y al final me las he tenido que comer para merendar, muerto de hambre. Y encima, ese día me quedo sin bocata de nocilla, así que estos pulsos psicológicos los gana siempre ella. Estoy harto. Juro que cuando sea mayor no volveré a comer lentejas, jamás, ni loco. Que no consiga el cromo de Arconada si falto a mi palabra. Mi casa será un lugar libre de esa porquería. Y mis hijos sólo comerán pizzas, hamburguesas, y marranadas a todas horas… 

Bueno, he dicho que todos los martes toca lentejas y eso no es del todo verdad. Hace un par de semanas, al volver del cole, encontré a mamá toda sofocada en la cocina. Había estado llorando, la conozco desde que nací, y soy bueno detectando esas cosas. En cuanto me vio, me cubrió de besos y abrazos y me dijo que ese día, martes, sería el primero sin lentejas desde que yo tenía uso de razón. Y que era por mi culpa. Porque hacía un rato, yo mismo, pero mucho más mayor, había venido del futuro (“¿Estás segura de eso mamá?, dije yo. “Tan segura como que te he parido, hijo”, dijo ella), y me las había comido todas…

Yayas del futuro

—Y ahora, nietecitos míos, os voy a enseñar las selfies que me hice poniendo morritos, en el baño de la casa de vuestros bisabuelos, cuando era joven y tenía todos los miembros originales. Son sólo chorrocientas mil veintidos. Desde el 2036 hasta el 2038. Dos añitos de nada…

—¡Jopé abuela, que janclamancla* estás últimamente ya veo que no nos vas a dejar ver la mentele* tranquilos. Vale, enséñanoslas, pero date janguca* que está a punto de empezar el “Androides y Cyborgs y Viceversa” presentado por la cuarta clonación de Emma García y hoy promete estar super chumfrante* no, lo siguiente*!

*Jerga del 2116

Reglas básicas para ir al súper

Cuando se va al súper hay una serie de cosas que todo el mundo debería tener en cuenta. Por ejemplo, hay que llevarse una rebequita para cuando pasas por la zona de neveras. En algunas grandes superficies la temperatura está tan baja que han encontrado a niños pequeños, de estos díscolos que se pierden en cuanto sus padres se dan la vuelta, al borde de la muerte entre los yogures Bio y los quesos de cabra. Pues bien, una de las reglas de oro sagradas para un gordo es no ir a comprar con hambre. Si lo haces, lo más probable es que termines gastando una gran cantidad de dinero en grasas trans, poli y monosaturadas, azúcares y calorías vacías. En DELICIAS, vamos. Por eso los gordos damos rodeos. Me explico: yo, para llegar a la frutería no voy por el pasillo del chocolate (el pasillo de la tentación),  voy por el de los detergentes (el Coral vajillas huele bien, pero no lo suficiente) . Trucos absurdos pero efectivos que empleamos los que no tenemos fuerza de voluntad, para engañarnos a nosotros mismos.

Pero hoy mi estrategia se ha hecho añicos.  A mitad de pasillo, a punto de conseguir el objetivo, mi nariz ha detectado un olorcillo apetitoso y, como un zombi sin voluntad, movido tan solo por el instinto primario de llenar la panza,  me he ido directo hacia la fuente de tan atractivo aroma.  Y hete aquí que he descubierto que Mercadona ha sacado a la venta VELAS con olor (quizás con…¿Sabor?) a ‘Galleta de miel’ y ‘Praliné de almendra’… Pero… Pero…¿Estamos locos? Me han dado miedo mis pensamientos (¿Comer velas? ESO SÍ QUE NO)así que he salido huyendo de allí, no sin antes hacer una foto al trampantojo gastronómico para dar fe de que mis ojos no me engañaban y no lo he soñado todo. Ahora no me quedará más remedio que volver a frecuentar el pasillo del chooOocooOoolaateeeeefffrrrssss… ¡¡BIEEEEEEN!! Digo…¡¡NOOOOOO!! ¡MERCADONA, YO TE MALDIGO!

Indiana Jones y la búsqueda de los ventiladores

Hoy he subido al trastero a sacar a los ventiladores de su letargo invernal y bajarlos a casa donde pasarán los próximos 3-4 meses trabajando sin descanso, y juraría que, al fondo, allá a lo lejos, donde hace mucho tiempo que no ha puesto el pie un ser humano, he visto el Santo Grial asomando entre una caja de revistas ‘Fotogramas’ del 97, un balón de Nivea a medio inflar, y la trona de Diego.Y en un rincón, dormitando sobre una pila de actualizaciones de la enciclopedia Larousse, al viejo caballero templario al cuidado de todos esos tesoros de valor incalculable.

Imbuido del espíritu de Indiana Jones, he sacado los ventiladores rápidamente y he vuelto a cerrar el trastero con mucho cuidado de no hacer ruido, para no despertarlo…

Igual va siendo hora de hacer limpieza y tirar unos cuantos trastos…

Microfotorrelato. Hoy: Persigue tus sueños.

Después de ver un cóctel letal de películas Disney durante las fiestas navideñas: El Rey León (Hakuna Matata), Aladdín (persigue tus sueños), La Bella y la Bestia (belleza interior), Manolito lo tuvo claro: mientras sus padres dormían la mona, se quitó los zapatos y se fue de casa dispuesto a cumplir su máximo anhelo: ser un tren.

Microfotorrelato. Hoy: San Pedro y p*t* gallo

—Pedro, que sea la última vez que dejas al de Cadaqués a cargo de la recepción celestial. Los recién llegados se aburren de buscar su llave y se acaban marchando en masa al infierno, que son todo facilidades para entrar.
—Pero, Supremo Creador de todo lo visible y lo invisible, con todo el respeto, no sé de qué me habla.
—Pedro, que nos conocemos.
—Que no, que no.
—Mira que yo lo sé TODO.
—A mí no me mire, que yo no he sido. Habrá sido San Pablo, que siempre está inventando.
*KIKIRIKIIIII*
—Pedro, no cambiarás nunca… Pues que sepas que hoy, te quedas sin maná de postre.
—(Grmpf… maldito gallo chivato, un día de estos dejo que los de la secta satánica entren en el gallinero a buscar género para sus rituales).