Cantando con los auriculares puestos, todos somos Plácido Domingo. Pero no.

A veces, cuando tengo los auriculares puestos me crezco, y canto, sí, canto como Joselito aunque, en lugar de un pequeño ruiseñor de las cumbres, tenga más bien la pinta de un pequeño pterodáctilo del jurásico, las cosas como son. Que canto, decía, y con la vibración eléctrica de mis cuerdas vocales, con mi chorro de voz pristina, argentina y cristalina deleito a transeuntes, automovilistas y señoras/señores que van al Súper a comprar el surtido diario de aceite de Palma, porque habitualmente efectuo mis artísticas performances mientras hago ejercicio por la calle, vestido de colores fosforescentes que no combinan en absoluto porque me pongo lo primero que pillo, y muy, muy sudado, porque yo en cuanto muevo un poco mi cuerpo serrano, sudo a chorros, sí, tenéis razón, quizá podría haber obviado estos dos últimos datos. Y soy, además de un portento de la naturaleza, un ecléctico, que lo mismo te canta el Nessum Dorma, que temas más contemporáneos como este que ponen a todas horas del “Déjame traspasar tus zonas de peligro hasta provocar tus gritos y que olvides tu apellido” (que viene siendo un ¿te has depilao, Maruja? Pues ven acá p’acá que te voy a poner mirando a Cuenca y vamos a hacer el 50 sombras de López right now), “El Pepinaso” de Los Payasos de la Tele featuring Leticia Sabater o la de “Súbeme la radio y traeme el alcohol que quita el dolor” (que digo yo que podría ir él a hacer ambas cosas en lugar de andar rascándose la huevada en el sofá). Y la verdad es que teniendo tanto talento como tengo, que la gente decida cambiarse de acera en lugar de hacerme los coros o incluso salir de sus coches para hacer una coreografía grupal que sin conocerse de nada, todos ejecutan a la perfección como en Fama o en La La Land (me fascina esa coordinación conjunta. Yo he intentado ser la chispa que prende la llama del baile colectivo y sincronizado, levantándome a bailar el primero y lo único que he conseguido es que me echen de la biblioteca, de dos cafeterías y de la Iglesia de mi barrio y llamadas en masa al 112 “porque a un tipo le está dando un chungo”), pues todo esto debería haberme dado alguna pista sobre mis facultades musicales. Pero no, siempre he preferido vivir en la ignorancia, hasta hace un rato.

Iba hoy caminando con mi Santa, por la Vía Verde de Oropesa del Mar, cuando en mi Playlist de Spotify “Retorno al Pasado” han empezado a sonar los ¡UH! y las primeras notas de Eloise, en la versión que Tino Casal hizo del tema que Barry Ryan popularizó en el 68 y que es uno de esos raros casos en los que una versión trasciende más que el original.

-Pero hijo ¿qué haces maltratando así el organillo Casio que te regalaron tus tíos los que nos odian, para la comunión? Han venido los vecinos a quejarse.

-Mamá déjame tranquilo, déjame vivir, estoy aprendiendo a tocar el sintetizador por mi cuenta, con el método aporreador de los góticos moreno y rubio del video de Eloise.

-¿Y eso incluye aporrearlo con la tapa de la cacerola en la cabeza, al camisón de la abuela y la boa de plumas? ¿No te dije que no sacaras la boa de plumas del cajón prohibido de papá y mamá?

-Chi. Quiero el virtusismo de los góticos tenebrosos aporreadores, y el look del de la guitarra. Lo quiero todo.

-(Ojalá nos hubieramos comprado una pareja de agapornis como quería tu padre… )

-¿Qué?

-Nada, nada…

Recuerdo perfectamente la primera vez que escuché esta canción: estaba yo en el sofá de mi casa repantingado como Enriquito Iglesias cuando le pide a sus compis que le suban la radio y le traigan el alcohol “que quita el dolor”, (que soy yo y le pongo la emisora del Losantos y le llevo el Betadine, menudos huevos tiene: ¡ve tú hombre!¡Muévete un poco!), y la pusieron en los 40 Principales. Debía tener yo unos 14 años y recuerdo que pensé “¿Pero qué magia maravillosa y sorprendente es esta?”…

Pero eso fue hace 30 años y podía permitirme estar repantingado en el sofá. Ahora tengo que salir a quemar la megalorza que se ha instalado alrededor de mi cintura, y en ello estaba insisto, (es que con tanta divagación alguien igual se ha perdido) hoy, por la Vía Verde, con mi mujer, y varias docenas de desconocidos, y con los auriculares puestos, cuando ha sonado el tema del gran Tino Casal. Pues oye, cuando me he querido dar cuenta estaba cantando 🎵ELOIIIIIIIISEEEEEEEEE DOLOR EN TUS CARIIIICIIAAAAAAAS🎵 en falsete y en unas frecuencias de espectro hiperagudo en la escala cuántico-absurdi, que debían estar interfiriendo en las comunicaciones por teléfono móvil y volviendo locos a los perros de media provincia. Mi mujer me ha mirado y no ha hecho falta que diga nada. Su ojos han hablado por ella. Y creedme no me estaban diciendo “qué suerte tengo de haberme casado con un profesional de la canción, todos nos miran de pura envidia” u “OTRA, OTRA” o “QUE LA REPITA, QUE LA REPITA”. NO. Estaba diciendo pareces un mono aullador. Pero yo, como la conozco pues he seguido cantando porque sé que lo hace para que mejore. Para que crezca como persona. Aunque esa mirada… Hum, esa no se la había visto nunca.


VIERNES DANDO LA NOTA

El Viernes dando la nota es un carnaval de blogs en el que todos los blogueros participantes dejamos una canción y entre todos hacemos del viernes un día lleno de música.

Si quieres participar, sólo tienes que publicar en tu blog una entrada con una o varias canciones que te gusten, que signifiquen algo especial para ti, que quieras que descubramos, que no puedas quitarte de la cabeza… y enlazarlo al Viernes dando la nota. ¡Tienes tooooooda la semana hasta el siguiente VDLN!

Recuerda viejas canciones, rememora momentos, conoce nuevos artistas, y sobre todo, ¡baila, canta y diviértete!

Si quieres saber más, conocer las reglas, y cómo participar puedes verlo todo aquí.

Para ver los blogs que participan esta semana, pincha en el botón de la rana azul. 😉

La oveja negra

Mi hermano fue tronista de ‘Mujeres y hombres y viceversa’. Allí conoció a su mujer, que ahora es la tertuliana más conflictiva y macarra del ‘Sálvame Deluxe’.

Mi hermana, tras su expulsión disciplinaria de ‘Gran Hermano’, trabaja como doble de luz de Jorge Javier Vázquez en ‘Supervivientes’. Al final, ha conseguido sacarle partido a su hirsutismo.

Mi sobrino ha participado en  Masterchef Junior y cuando viene a mi casa a cenar, en lugar de nuggets con patatas fritas, como cualquier niño normal, exige que le haga cosas como ‘atún negro al aroma de jengibre y espuma de trufa’.

Mi madre, que fue azafata del ‘Telecupón’, y ahora presenta un programa de videncia en directo, recurrió a ‘Hay una cosa que te quiero decir’ para reconciliarse con mi padre. Estaba enfadada porque él se había presentado al casting de ‘Pekín-Express’ sin ella.

Mis primos hacen botellón en los polígonos donde saben que van a a ir los de ‘Callejeros’ y mi abuela salió en ‘Tú sí que vales’ con un número de ganchillo extremo: colgada boca abajo de un trapecio tejió un cojín hecho con hilos de lana de colores y tapones de vino tinto, en tres minutos y medio. Se dislocó la cadera y el jurado le dijo cosas horribles, pero ahora se ha convertido en un ídolo para la tercera edad y no para de hacer bolos en Benidorm. Incluso ha sido telonera de María Jesús y su acordeón.

Y yo, Ingeniero de caminos, canales y puertos, llevo toda la vida intentando encajar en esta familia, deseando escuchar aquello de ‘estamos orgullosos de ti, hijo mío’. Pero no. Para ellos sólo soy la oveja negra.

Querido diario: ¿te acuerdas del ridículo que hice cuando fui a comprar manzanas ‘de las que crujen’? Pues hoy… He vuelto al mercado.

Querido Diario:

¿Te acuerdas del ridículo que hice cuando fui a comprar manzanas ‘de las que crujen’? 

Pues por lo visto, no tuve bastante, porque hoy… He vuelto al mercado.

He ido directo al puesto de verduras y he pedido la vez. Las señoras que había diseminadas por la parada sin orden ni concierto se han girado y mirado extrañadas…Como si en lugar de un atractivo joven con el pelo entrecano y una interesante barba ejerciendo de amo de casa, hubiera aterrizado ante sus ojos un extraterrestre baboso supurando pus: ¿pedir la vez con lo divertido que es colarse las unas a las otras?

Como yo insisto en pedir la vez, una señora me dice, literalmente:

-La última es mi hermana QUE NO ESTÁ, pero va detrás de mí. Yo me voy a por tomates allí- al quinto pino-, pero a mi hermana le tengo guardada la vez. Si viene, va ella.

Y se da media vuelta, y desaparece por un pasillo dando saltitos.

En resumen: no sé detrás de quién voy. El puesto es alargado y no paran de llegar marujas que se cuelan por todos los rincones.

Sudores fríos me invaden.

Delante de mí se coloca una señora/asesora que viene con su hijo/aprendiz al lado. Me recuerda a mí mismo, la semana pasada. Se han colado por la tangente y se han colocado justo delante de mí sin ningún tipo de rubor.
En ese momento, una señora, que está en el puesto de al lado se gira, me mira fijamente, y me dice:

-Aquí, si no espabilas, se te van a a colar todos.

Un escalofrío recorre mi espina dorsal. Joer, ha sido como en una película de terror cuando el que está más loco mira fijamente al protagonista y le suelta algo muy lúcido y muy terrorífico (¿Habéis visto ‘Los sin nombre’?). Envalentonado me dirijo a la señora/delincuente y le digo:

YO: Disculpe señora… ¿Ustéd es la hermana de la señora que tenía que venir?

ELLA: (sin dudarlo ni un instante) SÍ

En ese momento me doy cuenta de que el hijo mira hacia otro lado, avergonzado de los métodos rastreros que emplea la otrora santa mujer que le dio la vida. Eso acaba de decidirme: NO ME FIO.

Gracias a los dioses la señora que se fue a por tomates (por lo que ha tardado, ha debido ir a comprarlos a Murcia) aparece como por arte de magia y entonces yo, como si fuera el abogado fiscal hablándole al testigo principal del caso, en una película de juicios, le digo:

YO: ¡SEÑORA!…¿ES ESTA ES SU HERMANA?

SEÑORA DE LOS TOMATES: No, mi hermana está allí comprando aceitunas.

Entonces, dirigiendome con mucha rabia, pero muy digno, a la señora, le digo:

‘¡Ajá! Pues entonces, voy yo’.

¡JAJAJAJA! ¡Prueba superada! He ganado mi primera batalla en el mercado. De todos modos, algo me dice que no será la última. Porque ya domino el mundo de la hortaliza, sí, pero aún tengo que pasar la más dura de las pruebas… Tengo que comprarme unas cangrejeras para ir a la playa, así que la semana que viene voy al nucleo duro del mercadillo…

La semana que viene voy…¡A la zona de zapatería y textil!

La primera vez

No recuerdo mi primera vez, básicamente porque nunca ocurrió. Y no ha sido por falta de oportunidades, no se crea, muchos mozos me vinieron a rondar, pero desde que manché por primera vez, madre siempre me repetía lo mismo: “no la pierdas, hija, no la pierdas”. Y claro, yo la obedecía… pero los novios me duraban dos Nodos: todos acababan dejándome por otras mozas menos remilgadas. Asi que, cuando me quise dar cuenta, me había quedado para vestir santos.

Con 50 años yo aún estaba de buen ver, y tengo que reconocer que estuve a punto de hacer una locura y encamarme con Paco el tendero, un buen hombre que se había quedado viudo, pero justo cuando había tomado la decisión, madre cayó enferma y, siendo hija única, comprenderá usted que tuviera que cuidarla hasta que Dios quiso llevársela. No es que me queje, no me malinterprete, aunque me haya arruinado la vida, quería mucho a mamá, pero le costó bastantes años al Altísimo decidirse, la verdad.

¿Que si me arrepiento?

Pues hasta hace poco tiempo no, estaba resignada a morirme sin catar los placeres de la carne, pero no hay como el aliento de la muerte soplándole a una en la nuca para darse cuenta de que, me perdone Dios, lo mejor es probarlo todo en esta vida, por si la eterna al final resulta ser un invento de los curas.

Y por eso está usted hoy aquí, joven… ¿Prefiere que vayamos al dormitorio directamente o le apetece tomar un cafetito primero?

En casa de herrero…

—Pero… ¿Por qué es de palo?

—Es metafórico, ya sabes, los dichos populares son una manera de…

—Ya, bueno… pero el tipo es herrero, podría hacerse un cuchillo de hierro, si quisiera.

—Claro, mira, verás, no es más que un refrán… Igual le estás dando demasiada importancia.

—…O de acero inoxidable. Si es un herrero mañoso y tiene el instrumental adecuado…

—Metáfora… Jijoja…Refrán… jojujo… Dicho popul…

—Pero, ¿de madera? Pues vaya mierda de herrero.

—Ggggggg…

—Un cuchillo de palo, se compra el inútil… ¡Pero si eso no debe ni cortar!

—(…)

—Uy, te tiembla un ojo. ¿Te encuentras bien? Oye…. ¿Adónde vas? ¡No corras, que casi llegamos a mi apartamento!

*Aunque era guapo y rico, Paco volvía a casa solo, una vez más. Nunca imaginó que su incapacidad para entender los refranes, o lo que es peor, entenderlos de modo literal, le acarrearía tantos problemas… Mientras se bebe un Chivas de 74 años escandalosamente caro en su ático loft, piensa en que ojalá fuera pobre y feo pero un poco más despabilado, como su primo aquel que fue a Pasapalabra y desde entonces no deja de mojar el churro, y se consuela pensando en que a su primo sólo lo quieren por su intelecto, y que MÁS VALE ESTAR SÓLO QUE MAL ACOMPAÑADO, y… ¡Espera!*

Dulce Apocalipsis

Nunca habría imaginado que pasaría el último día de mi vida sola, desayunando chóped, ajo porro y agua del grifo. Asqueada, no puedo evitar pensar que hasta los asesinos más sanguinarios pueden escoger lo que quieren comer el día de su ejecución.

Pero bueno, es todo lo que había en la nevera y claro, como hoy es el Apocalipsis, las tiendas no abren. Bueno, el chino de la esquina sí, pero he bajado hace un rato y no les quedaba nada de comer. Solo tenían gatos de los que mueven la patita arriba y abajo, y ropa brillante. Esos gatos me ponen de los nervios, y no pienso pasar el Armagedón vestida como una mamarracha, así que me he vuelto a casa intentando decidir si el alpiste del canario -o el canario mismo- serían buenas opciones para la cena.

12:00 Quedan doce horas para el Fin de los Tiempos. La tele no para de repetirlo. En Antena 3 están haciendo un programa especial, pero se han ido a publicidad hace 43 minutos y aún no han vuelto. Esperaré un poco más, podría ser uno de sus intermedios habituales de “volvemos en 6 minutos”, pero…

¡Andá! los vecinos del 5º: Maruja, Manolo y sus dos monstruitos, perdón, niños, se han tirado por el balcón…

No voy a decir que me alegre de que se vayan a estrellar contra el suelo y la palmen unas pocas horas antes que el resto de la humanidad, pero… qué caramba ¡Fuera caretas!¡Abajo con la hipocresía, que se acaba el mundo! En lo que me queda de vida pienso ser absolutamente sincera, así que sí, que ME ALEGRO. Yo misma he estado tentada de subir arriba muchas veces y lanzarlos por el balcón con mis propias manos porque, no me gusta criticar —perdón, que ahora soy sincera: sí que me gusta— pero los del quinto han sido unos vecinos pésimos que cumplían con todos y cada uno de los puntos del “Manual del perfecto vecino insoportable”:

1- Andar con tacones a las dos de la mañana. Los miércoles. Pisando fuerte, como si en lugar de levantarse a mear, Maruja estuviera practicando para representar a España en el certamen de belleza huidiza Miss Croqueta Universo o en un desfile de Victoria’s Lorza.

2- Arrastrar los muebles y hacer todo tipo de ruido por las noches sin motivo aparente. Porque es mucho más divertido redecorar el comedor de madrugada. Unos cuentan ovejas, otros mueven el tresillo por toda la casa. Otros no ganamos para tapones para los oídos.

3- Taladrar cosas. El domingo por la mañana, a poder ser. El tapiz con la manada de ciervos y/o bodegón y/o escena de caza con osos y perros, puede hacer que un salón luzca completamente distinto en función de la pared donde esté colgado. Y es un must probar como queda en todas las paredes —si es que Maruja se ha levantado en plan conservador— o en el techo —si Maruja se ha despertado esa noche imbuida del espíritu de una interiorista de vanguardia neoyorquina—.

3-Tirar la canica que los niños plastas y repelentes heredan de sus progenitores al nacer, varias veces al día. Y de la noche, claro. Porque los niños de los vecinos no duermen. Son niños insomnes. De tal palo, tal astilla.

MISTERIO INSONDABLE: A veces lo hacen todo junto y andan en tacones, mientras empujan muebles y tiran canicas. Debe ser parte de un número circense. Se esfuerzan tanto que, a veces, pienso en subir a aplaudir.

4-Melomanía. Los niños insomnes tocan la flauta, el organillo y el tambor justo cuando los demás vecinos duermen la siesta. PENSAMIENTO: deberían cortarle las manos a cualquiera que quiera comprarle un tambor a un niño. En la misma juguetería: un verdugo, un ATS para que eche un poco de anestesia en spray antes, flus-flus, y unos puntos de sutura después, y ¡zasca! fuera manos y fuera dolores de cabeza. A veces el concierto es tan intenso, que me dan ganas de plantarme en su rellano, en bata y rulos y, como si fuera el Risto Mejide de OT —no el descafeinado de los anuncios de telefonía—, nominarlos a todos con cajas destempladas para abandonar la finca. Pero como fui una niña de colegio de monjas, —que no les guardo ningún rencor a las monjitas , bueno, mi yo sincero dice: “sí, se lo guardo”, y “ojalá les caiga el meteorito encima del convento a las pingüinas desalmadas esas”—, pues eso, que como fui educada en la introspección y la represión profunda de las emociones, he sufrido todas las performances musicales de mis vecinos cual las hemorroides: en silencio.

INCISO: entra en este apartado melómano vecinal el gusto de Maruja por el cedé de grandes éxitos de Pimpinela “Hermanos, en lo bueno y en lo malo”, que escucha a todas horas, el de Manolo por oír el carrussel deportivo a todo volumen y el de los niños por deleitarnos a toda la manzana con lo que debe ser, por como suenan esos berridos, la discografía completa de Satán. Y pensar que los niños de mi generación escuchamos ‘Susanita tiene un ratón’ y la canción de ‘Marco’ hasta la pubertad…

5-Ausencia total de sentido del pudor y/o del ridículo. Los sábados, en Villa Maruja son temáticos: están dedicados al desenfreno sexual. Puro sábado sabadete cena (por el olor, emperador a la plancha, langostinos, calamares, y otros hits de la comida viejuna) y polvete. Pues bien, cuando se entregan al amor, lo oímos todo-todito-todo por el respiradero del baño, como en las películas. A veces cuando están en pleno apogeo ponemos unas sillas entre la bañera y el bidé, cogemos un bol de palomitas y animamos y jaleamos a Maruja y a su macho alfa. ¡Los cinco minutos enteros!

6- Gusto por la colonia de garrafón. Subir con Maruja o su consorte en el ascensor ha sido siempre una actividad de riesgo. Hay que tener una gran capacidad pulmonar para no asfixiarse con los efluvios de Varón Dandy/Charnel nº 5b que emana de sus sobaqueras. Ese afán por perfumarse podría deberse a que son de natural, muy coquetos, pero yo creo que lo que pasa en realidad es que no se duchan con la asiduidad que sería recomendable… Mi Kevin José ha desarrollado tal arte en aguantar la respiración que estoy segura de que, de habérselo propuesto, podría haber sido campeón de España de apnea. Pero no, a él no le gusta el deporte, a él solo le gusta la jardinería y estar todo el día en su habitación enfrente del ordenador. Fíjate que creo que se le ha ido la cabeza, porque no para de hablar solo a todas horas.

7- Saben cocinar. DRAMATIZACIÓN, basada en hechos reales: domingo al mediodía. Vuelvo a casa tras comprar la prensa dominical (porque con el periódico regalan la revista Pronto, y además, las hojas de color salmón son superabsorbentes y me van genial para ponerlas en el suelo de la cocina cuando frío los nuggets del Kevin José y salta aceite por todas partes) y, al cruzar el umbral de mi humilde morada, acaricia mis narices un apetitoso olor a langostinos a la plancha. Como soy muy básica, empiezo a salivar de inmediato. Cuando recuerdo que no hay nadie que pueda estar cocinándolos me hundo en el lodo de la decepción: los langostinos los está haciendo mi vecina Maruja porque, como digo, la cocina no es mi fuerte, ni mi flojo, simplemente no es. Cuando el Kevin José viene del after y el Mariano de ir a correr hasta el bar —500 calorías quemadas/2000 calorías ingeridas— noto como con su mirada me dicen: Ojalá Maruja fuera nuestra madre/esposa.

Pero hoy, todo esto dejará de tener importancia, porque en unas pocas horas, insuficientes para acabar de verme los 300 episodios que tengo pendientes de ‘El secreto de Puente viejo’ y también para cerrar algunos episodios inconclusos de mi azarosa vida (Mamá ¿porqué me abandonaste? ¿Por qué me dejaste con las monjas desalmadas?) volveremos todos a ser polvo de estrellas, mira, justo en… ¿qué hora es?

13:45 Quedan 10 horas y 15 minutos para el fin del mundo y parece que los tertulianos de Antena 3, definitivamente no van a volver, y también que la programación especial se ha terminado, porque están poniendo capítulos de ‘El príncipe de Bel Air’ y ‘Los Simpsons’ en bucle. Como siempre, qué bien sienta algo de normalidad es un día tan anómalo como este. Apago la tele y salgo al balcón a ver cómo se han despanzurrado los López.

13:50 Maruja, Manolo y sus niños han estado todo este tiempo enganchados en el tendedero del tercero. Justo cuando me asomo se sueltan, caen en el toldo del chino, y de una grácil voltereta aterrizan en el suelo dando un saltito, sanos y salvos, sin un poquito de traumatismo craneoencefálico ni nada. Punto 8 del manual del perfecto vecino repelente: tener suerte y provocar envidia de la sana no, de la otra. Los chinos del chino, valga la rebuznancia, les aplauden enfervorecidos y, agradecidos por el espectáculo, les regalan un lote compuesto de “gato que mueve la patita” y “leggins de color naranja fosforescente” a cada uno.

13:55 Ya que estoy aquí fuera, riego las plantas. Hum, qué buena pinta tienen los geranios, y tengo tanta hambre…

13:56 Me como un geranio. ¡Oh! Sabe a pollo. En cuanto me lo trago me entran unas ganas locas de tocar las palmas , taconear y cantar el ‘Marinero de luces’ de la Pantoja. Olé, arsa.

13:57 Me como una margarita. Me entra la indecisión. ¿Me gusta su sabor o no me gusta? Deshojo y me como otra para decidirme. Me gusta…gronf…no me gusta…ñiam…me gusta…chomp…no me gusta…glup.

13:58 Me como un cactus. No me gusta, me recuerda a aquella vez que al Mariano le dio por afeitarse pubis y escroto “porque si el césped está segado, el árbol se ve más grande”. Se me pusieron todos los labios del cuerpo en carne viva, oye.

13:59 Me como unas cuantas hojas de las plantas esas tan frondosas del Kevin José. Qué perro ha sido siempre y, sin embargo, de un tiempo a esta parte ha estado de lo más entregado al cuidado de estas plantas tan hermosas. Dice —o decía, no estoy segura de si sigue vivo— que es una especie de planta del tabaco ‘pro’. Que es para consumo propio. Que es ecológico y más sano que cualquiera del que se pueda comprar por ahí. Igual lo he juzgado mal. Hum…ñam… puef, eftán… buenaf… laf hojaf eftas…

14:00 Estoy un poco mareada, pero muy feliz. JAJAJAJA. Perdón, todo me hace gracia y me da risa. ¡Córcholis! De la nada han aparecido a mi lado un dragón, un unicornio, y un elfo con un parecido espectacular a Pablo Motos.

14:05 Invito a mis nuevos amigos a chóped, ajo porro y agua del grifo. El dragón y el unicornio declinan amablemente la invitación, así que me lo como yo todo. El elfo no se pronuncia enseguida, pero me mira mal y murmura cosas feas por lo bajinis. Juraría que ha dicho ‘traga tranquila, pedazo de foca, que no te lo va a quitar nadie”. Hay que ver, no me respetan ni mis propias alucinaciones.

14:10 El dragón me habla de mundos fantásticos y deja que me suba en él, y volamos por el pasillo y rompe el dálmata de cerámica que heredé de mi abuela, de un coletazo. Y le digo que no se preocupe, que siempre le he tenido mucho asco, pero él, para compensar, me regala algunas de sus preciosas escamas iridiscentes, y yo me las pego encima de mis propias uñas con celo, como hacía de pequeña con las pegatinas de las mandarinas. Me siento como una princesa, y empiezo a cantar “♬Suéltalo, suéltalo no lo puedo ya retener♫” hasta quedarme afónica, y entonces pienso en que, de estar aquí el Mariano, seguramente en este momento preciso de la canción, se habría tirado un pedo. Y en que diría algo así como “más vale fuera que dentro” y en que nos reiríamos como adolescentes hasta que nos doliera la barriga. Porque el amor también es eso. Y me pongo un poco triste.

14:15 El unicornio intenta animarme y me habla también de mundos fantásticos y, la verdad, se me está haciendo un poco pesado tanto mundo de luz y color —tendría que haber alucinado algo más mundano, a una tertuliana del Sálvame, por ejemplo, a esa que se le pone la vena del cuello como una tubería cuando se altera, o a Belén Esteban porque nunca defraudan, son como bufones, pero contemporáneos— así que, para cambiar de tema sin herir sus sentimientos —quien sabe, podría enfadarse y empalarnos a todos— le pido que me deje montarle. Al principio no me lo permite, porque es un señorito y dice que le puedo manchar su blanco pelaje con mi asquerosa piel humana —por lo visto no estamos muy bien considerados en los mundos fantásticos— pero, cuando le cuento que fui una niña traumatizada porque los reyes magos, en vez del poni de carne y hueso que yo les pedía ilusionada año tras año, me dejaban el birrioso Pequeño Poni de Mattel, entonces claudica y me pasea por toda la casa, como una reina. ¡Cotocloc-cotocloc!… Ojalá Maruja fuera mi vecina de abajo ahora….¡Cotocloc-cotocloc! Y ojalá me viera Amparín, la sobrina repelente de sor Raimunda, la directora del hospicio, que siempre me decía que los reyes magos nunca me traerían un poni, porque no tenía padres, ni donde caerme muerta.

14:20 Como me he vuelvo a poner triste, el unicornio hace caca de colores que sabe a Mcflurry y nos convida a todos a probarla. Para beber, vomita unos arco iris que están deliciosos y, esta vez sí, nos cuenta cosas interesantísimas de su vida, como que donando su sangre para hacer tinta de impresora vive muy desahogadamente, que se empotra a todas las unicornias que puede, y que los fines de semana le gusta salir al campo a empalar perros. Una pequeña peculiaridad de estos mágicos seres que los cuentos jamás se han molestado en contarnos.

14:25 El elfo-gruñón-con-un-extraordinario-parecido-a-Pablo Motos, habla de sí mismo todo el tiempo y, cuando los demás intentan meter baza, se pone a bailar, pide a gritos que salga Marron, o se rompe un brazo. Lo que sea con tal de llamar la atención. El unicornio, harto, le arrea una corná de tres trayectorias, pero él no se inmuta. El dragón pega una llamarada con intención de chamuscarle un poco y que deje de moverse, pero se le va un poco la mano y le provoca quemaduras de tercer grado. Aún así, el elfo sigue hablando y gesticulando y ahora se ha puesto a tocar la guitarra, envuelto en llamas. Finalmente, el unicornio le insinúa que Will Smith no va a volver jamás a “El hormiguero” y entonces sí, el elfo se va a un rincón, se tumba en posición fetal y se desmaya.

14:30 El dragón y el unicornio se ponen a ver la tele, y yo me siento un rato con ellos. Total, no tengo un plan mejor y aún quedan más de nueve horas para que se acabe el mundo. Pero antes, recolecto las hojas que veo más sequitas de las plantas del Kevin José y me hago una infusión. Hmmm… Eshtá… shrrrup… bueníshhhhima.

14:35 Vuelvo flotando al comedor. Me poso sobre el sofá, entre mis nuevos amigos imaginarios. Ponemos Telecinco. Elfo Motos se retuerce en su rincón y murmura: “la competencia, la competencia no” y “hacedme caso, malditos, prestadme atención”.

Están haciendo un programa especial. Lo presenta, como no, Jorge Javier, y se llama “Mujeres y Hombres y Bíceps-Berzas Apocalipsis Deluxe”. Por lo visto están haciendo un casting de última hora para escoger a un tronista que concurse representando a España en el primer reality extraterrestre. Y es que, al mismo tiempo que nos dijeron que el meteorito iba a impactar contra la Tierra, también nos informaron de que hacía décadas que sabían que iba a ocurrir y que durante todo este tiempo, en Mercurio, Marte y la Luna han estado recibiendo terrícolas en secreto. Privilegiados a los que se les ha concedido una segunda oportunidad.

INCISO: el gobierno español decidió por unanimidad dar pasaje VIP y prioritario a todos los ex concursantes de Gran Hermano, gente de la farándula, tertulianos, toreros y personajes del corazón y que ya, si quedaba algún hueco, se enviara a algún científico.

El caso es quedan muy pocas plazas y están muy disputadas. De hecho, en el programa dicen que van a adjudicar la última ahora mismo, en directo. Y para eso cuentan con Conchita y su polígrafo en el plató, para dar caza y exponer a escarnio público al impostor, al empollón repelente ese que tanto odio despierta en España y a la busca del simpático y pícaro borderline integral que pueda dar más juego en el reality.

14:40 Empieza el casting:

Aspirante 1. Edad: 25 años. Nombre: Jonan. Aspecto: Cachitas de gimnasio, tatuajes por doquier, pelo y barba esculpidos por las manos de un barbero-artista renacentista. Le preguntan que si sabe quién es Proust. Él dice que “una marca de loción de afeitar”. Conchita dice que el polígrafo dice, a su vez, que miente y Jorge Javier, que es muy listo, añade que se le nota en la mirada que ha leído “À la recherche du temps perdu” al menos una docena de veces. El aspirante se derrumba y, entre lágrimas confiesa que hacerse pasar por un lerdo para los castings ha sido la peor experiencia de su vida. Conchita no se apiada, le escupe y le echa del programa con cajas destempladas.

Aspirante 2. Edad: 18 años. Nombre: Steisi del Carmen. Profesora de Zumba y modelo. Jorge Javier le pregunta si le gusta Cortázar. Ella contesta rápidamente que no, que ella detesta la cortázar y que al pan Bimbo se la quita siempre. Que le gusta más la miga, aunque el pan lo huele sólo en domingos alternos.
Conchita le da la enhorabuena. Del techo caen serpentinas, confeti y purpurina. Steisi del Carmen ha superado el casting y obtenido su boleto para Marte.

Y ahí se fué el último billete a la salvación.

Ahora Jorge Javier dice que se tiene que marchar, que ha de coger un cohete y que el resto del programa lo presentará Paz Padilla, que se queda en la tierra a morir, que para eso es la suplente.

14:45 Oh, me he quedado traspuesta y mis amigos han desaparecido. Es muy tentador pasar el ultimo dia de mi vida viendo esta basura tremendamente adictiva, pero no, mejor apago la tele.

14:50 Me encuentro fatal, de bajona. Para animarme, me hago otra infusión. Doble.

14:55 Ahora no puedo estarme quieta. Necesito hacer cosas. Limpio el polvo. El polvo vuelve. El polvo me habla de mundos fantásticos.

15:00 He limpiado todo el polvo de la casa dos veces en 5 minutos y sigo a tope de energía: ¡A TOPEEEEEE!, grito sin venir a cuento, y salgo de casa. Con una radiografía de tórax, de cuando la bronquitis del Kevin José, fuerzo la puerta de Virtudes, la vecina con la que compartimos rellano. Una vez dentro de su casa, —que yo la tengo mejor distribuida, mejor decorada, mejor todo, dónde va a parar— limpio el polvo y ordeno todo lo que encuentro a mi paso, intentando no tropezar con su cadáver. Pobre Virtudes, ya estaba bastante zumbada antes de la gran noticia —a veces se me quedaba mirando, como alelada, y juraría que alguna vez la vi enjugarse una lágrima al tiempo que susurraba “hija mía, hija mía”—, pero lo del Apocalipsis, definitivamente, la terminó de volver loca. Se obsesionó, y su obsesión la llevó a la tumba (en sentido figurado, en sentido literal ahora mismo está entre el recibidor y la cocina). Aún recuerdo cuando me contó su historia…

(Musiquita de arpa de recordar….♪ ♫ ♩ ♬plim plim plim plim♪ ♫ ♩ ♬ )

Virtudes siempre quiso ser famosa. Cuando era pequeña, sus padres la reñían porque se ponía a bailar mientras guardaba a los pavos, y martirizaba a las cabras cantándoles todo el tiempo canciones de desamor. Parecía una niña poseída por el demonio, de lo movida que era. Las cabras estaban estresadísimas, tenían la mirada perdida e intentaban, sin éxito, desatarse unas a otras a dentelladas para salir huyendo de allí. Todas menos Pichí, la cabra sorda que soñaba con ser una niña en vez de una cabra, y planeaba en secreto empujar a Virtudes por la ladera para ocupar su lugar.

Ya de mozuela, emigró a la ciudad, donde llegó a ser cuarta corista y primera amante de Julio Iglesias, pero lo suyo no funcionó porque a Virtudes las pirámides de Ferreros Rocher no le quedaban perfectas, como a Isabel. Con el corazón roto, abandonó la canción y se quedó preñada de un hombre que no le dio buena vida y que murió al poco de nacer su hija, en un accidente casero en el que se vieron involucrados una bañera llena de agua y un secador de pelo.

Así que, cuando se enteró de lo del meteorito, pensó que había llegado el momento de tomar las riendas de su vida y se puso un objetivo: triunfar en el mundo del espectáculo. A toda costa. Aunque fuera lo último que hiciera en su vida.

Virtudes, decidió que su partenaire, y pasaporte al estrellato sería Monchito, su agaporni. Así que comenzó a atiborrarlo de cañamones y a cantarle (es un decir) ‘Mi pequeño del alma’ de la Pantoja, con la esperanza de que el ave se animara a acompañarla. Ensayaron todos los días durante horas. Y también todas las noches ( ver puntos 2 y 4 del “Manual del perfecto vecino repelente”).

Al final, sus esfuerzos se vieron recompensados pues el agaporni habló, aunque en lugar de emular a Paquirrín diciendo ‘canela’, como ella esperaba, comenzó a llamarla “vieja del demonio” y “te voy a sacar los ojos, hija del mal”. Sin ser consciente, Virtudes había conseguido enseñar a hablar a un animal que ni siquiera tenía la capacidad anatómica para hacerlo. Y con un vocabulario más rico y variado que el de muchos universitarios. De no estar tan cercano el fin del mundo, Virtudes habría alcanzado el tan ansiado éxito y le hubieran dado un premio TELVA o el Princesa de Asturias o, de haberse decantado por la vertiente más lúdica, podría haber hecho carrera en el circo y ganarse el cariño del público o de cualquiera, que es lo que ella estaba pidiendo a gritos: un poquito de amor.

El caso, es que ahora está muerta, y yo tengo mucha hambre. Las plantas del Kevin José abren el apetito una barbaridad. Voy a ver qué encuentro.

15:15 Empiezo por la cocina. No hay nada de comida, pero debajo del fregadero encuentro un estropajo de esparto.

15:16 Me como el estropajo. Seguro que tiene mucha fibra.

15:17 Encuentro un estropajo “Nanax”. Me lo como. Seguro que tiene mucho hierro.

15:18 Encuentro un estropajo de esponja. Canto la canción de Bob Esponja, como si no hubiera mañana (que es verdad). Hmmm. Huele a limón, con unos toques de pomelo y reminiscencias en retronasal a naranjas de la china.

15:19 Me lo como. Seguro que tiene mucha vitamina C.

15:20 Después de este buffet de estropajos tan equilibrado en lo nutricional, que no en lo organoléptico, necesito algo de postre. ¿Sabéis esos dulces de navidad que son como falsas almendras? Sí hombre, que por fuera son de oblea y por dentro de turrón del blando… Esas que todo el mundo rechaza y acaban en una alacena por los siglos de los siglos acompañados del consabido surtido de polvorones. Que no exagero, que han descubierto almendras falsas hasta en el yacimiento de Atapuerca, en una cavidad-despensa, al fondo de todo, junto a la sima de los elefantes…

… PUES A MÍ, LAS ALMENDRAS ESAS ME GUSTAN MOGOLLÓN. (ya está, ya lo he dicho). Voy a buscar. Seguro que Virtudes tiene una caja escondida por algún lado.

15:30 He mirado en todas partes y no he encontrado ni una sola almendra. Sólo me queda mirar en la habitación que se encuentra al final del pasillo tenebroso. Me acerco con cautela, en cualquier momento parece que van a aparecer las niñas diabólicas del ‘El Resplandor’. Hay un cartel pegado en la puerta con celo. Pone: NO HENTRAR AKI VAGO NINGUN CONCETO. Pienso en que Virtudes debía tener muchas ídem pero la ortografía no era una de ellas. Y también pienso en que no se hubiera comido un colín como escritora. O igual sí, cosas más raras se han visto. Y entonces me viene al pensamiento la escritora de ’50 sombras de Grey’ que se ve a la legua que es una juntaletras y ya ves, se ha forrado. Yo, la verdad, el Grey no me lo compré, lo cogí de la biblioteca. Y oye, estaban las hojas como apergaminadas y me dio tanto asco que me lo tuve que leer con guantes de látex. Y pienso en que la escritora ésta, que no me acuerdo ahora de cómo se llama, se ha convertido en mi autora preferida, destronando a Dan Brown que hasta ahora reinaba en mi biblioteca junto a la enciclopedia Larousse y los primeros números de ‘Dedales del mundo’ y ‘Orcos de Mordor en punto de cruz’. Y, mira tú, mientras estaba pensando en todo esto, resulta que he llegado al final del pasillo, abierto la puerta y colado dentro de la habitación secreta de Virtudes, sin darme cuenta. Tan emparrada estaba. Sin embargo, lo que veo a mi alrededor, me deja sin habla, y me hace volver de golpe del país de la digresión y el circunloquio, a una terrible realidad: la habitación está llena de pirámides de Ferreros Rocher (en adelante Frochérs). CHAN

Y de fotos mías. CHAN CHAN

Y de fotos de Julio Iglesias. CHAN CHAN CHAN

15:45 En el último cuarto de hora, han pasado muchas cosas. Tras descubrir lo que Virtudes guardaba en su habitación secreta, lo primero que he hecho es comerme 198 Frochérs. Y después, como si fuera Grissom en CSI he analizado la situación y he llegado a la conclusión de que la vecina es en realidad una psicópata obsesionada con el chocolate, los cantantes melódicos y las maduritas interesantes. Pero después me he dado cuenta de que Virtudes tenía enmarcada una carta firmada de puño y letra por Julio José Iglesias de la Cueva (más conocido como Julio Iglesias) en la que decía que él la ayudaría en todo lo que pudiera necesitar, pero que a la niña no le podía dar sus apellidos. Que Isabel no le dejaba reconocer a las docenas de hijos secretos que tenía diseminados por los cinco continentes. Y que pese a esta peculiaridad, sería su deseo que le pusiera a la nena de nombre Gwendoline, como la canción con la que fue a Eurovisión y en la que Virtudes le hizo los coros, en el escenario y otras cosas, en la habitación del hotel.
Sólo me ha costado un minuto atar los cabos. Porque yo me llamo Gwendoline: Julio Iglesias es mi padre. Y Virtudes, la mujer que me abandonó recién nacida. Mi madre. Y soy hermana de Enrique Iglesias. Su hermana mayor. Con la de veces que me he tocado viendo sus vídeos. Dios me perdone.

Estaba intentando reponerme del shock, cuando de repente he oído un “¡Bastarda, fuera de mi casa!” y “Mi pequeño del alma…prrrr…con su piel de…prrrr…¡Canela!…prrrr… ” y una vez más: “¡Fuera, bastarda, que aquí no pintas nada!…¡Canela!”. El agaporni de Virtudes, enloquecido, soltaba todo tipo de improperios hacia mi persona mientras ejecutaba vuelos rasantes y en picado a mi alrededor con la doble pretensión de:

1) Herirme en el plano sentimental, mediante la profusión de los improperios a los que ya he hecho mención expresa hace tan sólo unas líneas.

2) Hacerme el mayor daño posible en el plano físico, concretamente, intentando sacarme los ojos a picotazos.

Y lo hubiera conseguido, de no ser por el proverbial sartenazo que Virtudes le propinó al impertinente y envidioso Monchito, y que le dejó fuera de combate.

15:50 Quedan algo más de ocho horas para el fin del mundo y mi madre está viva. Lo que es una gran alegría, aunque dentro de poco estemos, ambas, muertas. Bueno, quizá me he precipitado un poco poniéndole a Virtudes la etiqueta de “viva”:

—Virtudes, ¿es usted una caminante, una infectada, una zombi, en definitiva?— le pregunto. Al fin y al cabo, hace tan sólo unos minutos estaba tendida en el suelo, muerta entre el salón y la cocina. Si me dice que sí, o gruñe, me veré obligada a trepanarle el cerebro con una escoba como he aprendido de la gran Carol en The Walking Dead. Me dice que una caminante sí que es. Que todos los días se va a la ruta del colesterol para mantener su esbelta figura. Que una infectada también, que le pica mucho, ya sabes, ahí, porque, aunque añosa, y sin haber probado varón en una década, sigue siendo muy fogosa y desde que amanece, le apetece y cree que sí , que podría tener una infección, una vaginitis concretamente, causada por el prolongado uso de juguetes sexuales y la poca o nula higienización de los mismos derivada de la escasez de productos adecuados para su limpieza, dado el desabastecimiento general, motivado por la, a todas luces, anómala situación apocalíptica en la que nos vemos inmersos. No a que sea un poco cochina, por supuesto que no. Por último me dice que una zombi cree que no es. Que le apetecería mucho comerse unos buenos sesos encebollados, pero de cordero. Y aprovecha para aclararme que nunca estuvo muerta. Lo que ocurrió fue que Monchito perdió la cabeza durante los ensayos de las canciones de la Pantoja, se volvió muy agresivo y que ella aterrorizada, se tiró dos semanas haciéndose la muerta, esperando pacientemente a que al agaporni se le pasara el parraque. Y que ha sobrevivido bebiéndose su propia orina y comiendo uñas, roña que ha ido encontrando a su alrededor —no le habrá resultado difícil, porque la casa estaba bastante cochina antes de que yo la dejara como los chorros del oro— y cucarachas.

15:55 Decido no pedirle más explicaciones a mi madre y nos fundimos en un afectuoso abrazo. Ambas hemos sufrido demasiado y tenemos que aprovechar lo que nos quede de vida, juntas. La invito a venirse a vivir a mi casa. Y estoy feliz aunque se acabe el mundo, porque ya no voy a estar sola.

16:00 Nos hago una infusión de las mías. Nos entra la euforia. Sin venir a cuento, gritamos ¡A TOPEEEEE! —yo— y ¡VALGAME EL SEÑOOOR, PERO QUÉ MAGIA ES ESTA! —mi madre— y decidimos recuperar los 42 años de relación maternofilial no disfrutada, en el menor tiempo posible. Si esto fuera una película, ahora mostrarían una sucesión de breves escenas de mi recién estrenada madre y de mí misma haciendo juntas un montón de cosas, mientras suena una canción de animada y sentimental melodía:

16:01 Mamá y yo saltamos sobre la cama como niñas pequeñas. Mamá, se disloca un hombro.

16:10 Mamá y yo hacemos una guerra de almohadas. La habitación se llena de bolitas de poliestireno (las almohadas de plumas son carísimas). Mamá se atraganta y le tengo que practicar la maniobra de Himli…
Hemlis…
La maniobra.

16:20 Mamá y yo hacemos un pastel de chóped, ajo porro, estropajo y Frochérs. Mamá es alérgica al chóped y se le cierra la glotis. Estoy a punto de hacerle una traqueotomía, pero ella reacciona antes, se saca una jeringa de antihistamínicos de la pechera y se la clava directamente en el corazón. Qué pena, con la ilusión que me hacía.

16:30 Mamá y yo nos maquillamos. Como estamos bajo los influjos de la infusión mágica nos pintamos la raya del ojo demasiado profunda y sangramos profusamente. Los lábios nos los pintamos como podemos, porque nos tiembla un poco el pulso. Me miro al espejo, parezco una payasa bipolar, de esas que hace reir durante la función y luego se va al camerino a ponerse tibia a cazalla. Mamá parece el Joker. Si el mundo no se acabara hoy, quizá podríamos haber creado tendencia entre las mujeres de mediana y avanzada edad y forrarnos. Si Ágata Ruiz de la Prada pudo, ¿por qué no nosotras?. Estoy desatada y le pido a mamá que me pinte una mariposa en la cara, como si fuera la cantante Kimera. Me miro en el espejo, me ha dibujado un pene en la frente con rotulador indeleble. Yo le pinto a ella otro. Y ponemos morritos, y nos hacemos selfies. Y mamá, desatada también, decide que es un momento tan bueno como cualquier otro para hacer el reto de la canela, pero como no hay canela, lo hace con polvos base y casi se ahoga otra vez. Le hago una RCP y seguimos adelante.

16:40 Vemos fotos. Le enseño a mamá fotos del Kevin José (¿Dónde estará?). Del Mariano (¡Por qué te fuiste, Mariano, con lo que yo te quería, aunque la tuvieras pequeña!). Y ella a mí fotos inéditas de Julio Iglesias en pelotas. Y hacemos una pequeña ceremonia donde quemamos unas cuantas fotos de Isabel. Y Lloramos. Y se nos corre el maquillaje. Y parecemos las novias de Satán cruzadas con un mapache —yo— y un oso panda —mi madre—, pero nos da igual porque me he dado cuenta de que somos bellas por dentro.

17:00 Mamá y yo nos disfrazamos. ¡DISFRAZ TEMÁTICO! —grita mamá—. ¡SIIIÍ! NOS DISFRAZAREMOS DE… ¡ELSAS! —grito yo—. Dicho y hecho me desnudo, dibujo una patata en un papel y me la cuelgo del pecho. Soy Elsa Pataki. Mamá se pone el disfraz de Elsa de Frozen con el que triunfé en los carnavales del barrio, pero como soy de metabolismo lento, cadera ancha, hueso gordo y michelín abundante, lo que viene siendo, talla campana de la catedral de Burgos y ella, por el contrario, es enjuta, filiforme, escurrida, descarnada y además, por qué no decirlo, bastante hirsuta, parece Demis Roussos después de haberse puesto un balón gástrico y estrenando túnica para celebrarlo. Mamá se imbuye del espíritu drag queen de Elsa y comienza a rodar y rodar, tropieza con la trenza de la peluca y casi se desnuca.

17:10 Mamá decide que ya nos hemos conocido lo suficiente. Que, a poder ser, le gustaría morir cuando todo el mundo. Dentro de exactamente, 6 horas 50 minutos.

17:15 Ponemos la tele. En Cuatro están haciendo Deep Impact. En La Sexta, Armaggedon. Qué humor tienen los programadores, hasta última hora aprovechando el tirón.

17:30 En la 2 hacen Saber y Ganar. Jordi Hurtado es el único presentador que, en estos aciagos momentos, hace un programa en directo en España. Su actitud es arrogante, casi chulesca, como si supiera que él es el único que va a sobrevivir a todo esto, porque es inmortal.

17:40 Cambio a la 1. Su majestad el Rey Froilán III está dando un mensaje oficial.

APUNTE HISTÓRICO: Felipe VI, viendo que en la Tierra le quedaban 4 telediarios como Rey, abdicó y embarcó en su transbordador espacial junto al resto de la familia real para tomar posesión de su nuevo cargo: Rey de las Españas Marcianas. La infanta Elena, se convirtió automáticamente en Reina, pero renunció a sus derechos dinásticos para montar una tienda de trajes espaciales Prêt-à-porter en la Luna. Froilán aún tuvo que superar un escollo más para coronar su testa: batirse en duelo con su hermana Victoria Federica. Se jugaron el Reino al Candy Crush.

17:45 Su majestad Froilán III viene a decir que ha sido un honor ser nuestro Rey, que ha conseguido su objetivo de mojar el churro todo lo que ha podido, y que feliz Apocalipsis a todos, menos al Rulas y al Pastis que le hicieron la vida imposible en el internado y que, si al final no se acaba el mundo, va a ir a por ellos, “chaval”. Después maldice, llora, ríe y se pega un tiro en el pie bueno. Mamá comenta: es tan campechano como su abuelo. Apago la tele.

18:00 DIN-DON . Llaman a la puerta. Abro y en el umbral aparece Peppa Pig. Tiene la piel desvaída y llena de lamparones, y la mirada perdida, muerta y, por si fuera poco, estrábica, con un ojo mirando a Cuenca y el otro a Valladolid. Estoy a punto de echarla de casa cuando, de repente, me doy cuenta de que es un disfraz y que la persona que lo porta, tiene los brazos llenos de pelos y una esclava de plata en una de sus muñecas que dice “TE QUIERE, GWENDOLINE”.

Mariano ha vuelto a casa.

Antes de que me dé tiempo a decir nada, mamá se abalanza sobre él y le pega un bocado en la yugular al tiempo que me pide encarecidamente que la ayude, que esa cerda pesa un quintal y que podemos torrarla a la plancha para cenar y, al menos, irnos al otro mundo con la panza llena. Pero cuando le arranca un trozo de fieltro y se percata del trampantojo, decepcionada y enfadada a partes iguales, espeta: “¿Pero qué mierdas es esto? En mis tiempos el cerdo estaba hecho de cerdo” y se va a su casa con caminar errático, como si en vez de una adorable anciana fuera una mona borracha, a comerse unos Frochérs.

18:05 Mariano se quita la cabeza de Peppa Pig y me cuenta sus desventuras. Que cuando se enteró de que nos quedaban pocas semanas de vida se dio cuenta de que no sabía quién era y que necesitaba encontrarse a sí mismo. Que se enroló en la prestigiosa atracción de éxito internacional ‘Tren Chu-Chu’, que su junta directiva en sesión extraordinaria celebrada en la caravana de “El Chacho”, decidió que ejercería el rol de Peppa Pig, y que la experiencia resultó ser iniciática, por aterradora. Los niños le llamaban ¡Cerda! y ¡Cerdita rosa, abrázame! todo el tiempo, y él no podía comprender cómo esas criaturas tan adorables podían albergar tanto odio en su interior.

18:10 Le explico a Mariano que Peppa Pig ES una cerda. Y que por eso los niños le llamaban así.

18:15 Mariano recupera de golpe la fe en la humanidad y me confiesa que, por la forma de la cabeza, él pensaba que Peppa Pig era un secador de pelo antropomorfo.

18:20 Aprovechando que mamá está en coma después de una subida de azúcar, decido hacer el amor con Mariano. Acabo de descubrir que verlo vestido de cerda me pone muchísimo.

18:30 -21:00 Qué asco de vida. Justo el día en el que nos vamos a ir todos a criar malvas, conozco a mi madre, recupero al amor de mi vida, descubro el punto G y que soy multiorgásmica.

21:00 DIN-DON. Llaman a la puerta. Abro. En el umbral está Maruja, Manolo y sus dos monstruitos. Cómo los odio. Qué asco les tengo. Qué estomagantes que son. Maruja me dice que trae una fuente de langostinos. Manolo una fuente de ensaladilla rusa con sus anchoas del Cantábrico y sus aceitunas sevillanas. Los niños traen melocotón y piña en almíbar. Helado de vainilla y flan de huevo para hacer Pijama de postre. Dicen que tienen un congelador lleno de viandas porque son muy previsores (punto número 9 del “Manual del perfecto vecino repelente”) y, no les importa reconocerlo, tienen la imperiosa necesidad de hacer sentir al resto del mundo que son superiores (Punto 10). Pero ya no les odio. Ya no les tengo asco. Ya no me parecen estomagantes. Y les invito a pasar, a mi casa, que desde ese momento es, a todos los efectos y en lo que a mí respecta, la suya, y así se lo comunico, mientras les hago reverencias y genuflexiones y con mucho cuidado de no resbalar con las babas que salen profusamente de las comisuras de mis labios, pues el mero olor de esos manjares me ha provocado tal salivación, que ríanse ustedes de los perros de Pavlov.

21:10 DIN-DON. Llaman a la puerta. Abro. En el umbral están los chinos del chino. Traen una carretilla llena de leggins de color azul eléctrico y licor de flores que se habían guardado para una ocasión especial. También traen gatos que mueven la patita. Los tiro todos por el hueco de la escalera. A los gatos, no a los chinos.

21:20 DIN-DON. Llaman a la puerta. Abro. En el umbral está Monchito. Me pide amablemente pasar a cenar con nosotros, que tras el sartenazo se ha convertido en un ser de luz que no alberga odio en su corazón, pero que sigue comiendo y tiene hambre. Mi canario se alegra mucho de verle. Aquí hay tomate.

21:30 DIN-DON. Llaman a la puerta. Abro. Es mamá. No puede articular palabra. Llora a chorro, y sus pupilas hacen chiribitas como las de Candy Candy, Heidy o Marco, cuando se ponían intensos. Le pregunto que a qué se debe el berrinche y ella me muestra la pirámide de Ferreros Rocher más bonita y perfecta que jamás se haya construido sobre la faz de la Tierra. En la recepción del embajador mamá hubiera triunfado y hubiera superado a Isabel. Al fin ha conseguido exorcizar sus demonios. Nos fundimos en un abrazo.

21:35 Nos sentamos todos a cenar. Reímos, charlamos, bebemos, comemos. Tras la ronda de infusiones, que preparo, rauda para amenizar la sobremesa, mandamos a los niños a la habitación de Kevin José, que está llena de ordenadores para que no molesten, y entonces ocurre: alguien guiña un ojo a otro alguien, alguien pone la mano en la pantorrilla y/o zonas pudendas de alguien, alguien se desnuda. Y nos dejamos llevar porque ahora que estamos a punto de morir, nos damos cuenta de que somos libres. De que siempre lo hemos sido, aunque no nos hayamos atrevido a utilizar ese gran privilegio, por el qué dirán. Y, también somos conscientes de que acabamos de tener una revelación sobre el verdadero sentido de la vida y de que debemos ponerla en práctica a rajatabla el tiempo que nos quede. Y, por supuesto, eso incluye tener sexo en grupo interracial/intergeneracional/interespecies.

23:30 Queda media hora para el fin del mundo. Estamos todos abrazados. Una maraña de cuerpos sudorosos. Resignados, pero felices. Fuera, el cielo está completamente iluminado por el asteroide de fuego que acabará con todas las formas de vida sobre la faz de la Tierra, que borrará millones de años de historia que, sinceramente, ahora no parece tener ninguna importancia, porque todos nuestros problemas, todas nuestras inquietudes, todos nuestros miedos terrícolas, se diluirán en el vasto espacio sideral como gotas en la lluvia, hechos fosfatina.

23:45 DIN-DON. Llaman a la puerta. Abro. Mis piernas son incapaces de aguantar mi peso y caigo de rodillas sobre el felpudo. En el rellano está mi Kevin José. Intento abrazarle, pero me dice que ahora no hay tiempo para eso. Y que por qué me he pintado un pene en la frente.

00:00 ¡BOOOOOOUMMMMMMMMMMMMMMMMMM!

1:10 ¡Fiu! Por los pelos. Estamos todos en la nave espacial privada de mi Kevin José. Hace una hora y quince minutos que partimos del Aeropuerto de Castellón —o ‘Gwendoline Airport’ como lo rebautizó en homenaje a mí, cuando se lo compró a la Generalitat— rumbo a Venus, su planeta privado. En efecto. Kevin José está forrado. Yo que pensaba que se pasaba todo el día en su habitación zurrándole a la sardina y resulta que estaba ganando dinero a espuertas. Se ha sacado varias carreras por internet, el tío: dos ingenierías, dos de letras y el carnet de manipulador de alimentos. Es doctor en Botánica Aplicada por la Universidad de Wisconsin y ha desarrollado un híbrido entre la marihuana y las setas alucinógenas que se ha convertido en la droga de moda, totalmente legal, en las colonias extraterrestres. Y si hablaba sólo en su habitación es porque es un famoso youtuber, influencer, it boy, instagramer, viner y tuitstar.

Aunque, por encima de todo eso, es un buen hijo, que tuvo que pasar mil vicisitudes para poder llegar a tiempo de salvarle la vida a su madre.

Pero esa, es otra historia.