Hola guapis, no me tengáis miedo, parezco un oso asesino y sanguinario, pero no hago nada, os lo juro…

Pues veréis resulta que hoy he salido a pasear con mi oso Grizzly por una zona bastante frecuentada  por excursionistas y gente que va a correr por montaña y oye, lo llevaba suelto, sí suelto, aunque esté prohibido, porque yo lo valgo y porque algunas leyes están hechas para flojos. Si hay mediohombres a los que les da miedo encontrarse con un oso pardo gigante mortífero letal por el campo, pues que se queden en casa, ¿no? 
Bueno, bueno, pues no os vais a  creer lo que me ha pasado: ya estábamos mi oso asesino y yo de vuelta, cuando un chaval que iba corriendo tan pancho, feliz y contento en comunión con la naturaleza, se ha topado de frente con mi oso “Gominola” (sí le pusimos Gominola porque “Destripaflojos” ya estaba muy visto), y en cuanto se ha encontrado con el runner, mi plantígrado, que es un amor, pero un poco impulsivo, se ha puesto a gruñir de la pura emoción de ver tantos colorines fosforitos en la ropa del corredor en cuestión y ha ido a tirarle las patitas llenas de uñas de 25 cm. Yo estaba bastante más atrás, claro, mirando las musarañas y pensando en mis movidas internas, totalmente en mi mundo y pasando del oso que ya es mayorcito y sabe cuidarse solo, y cuando he llegado a donde estaban ambos, el chaval tenía un color blanco nuclear en el rostro, y estaba un poco cianótico también y hasta juraría que se había hecho un poco de caca, aunque por la cantidad y textura (un montaña de unos 5 kilos) bien podría haber sido Gomi el que se fue de bareta, ya que esa mañana había desayunado fuerte: 250 kilos de pienso para perros y los dos perros que les quedaban vivos a las vecinas. En cualquier caso, yo ni me he planteado recoger sus caquitas, porque son abono, que lo dice la Cosmopolitan, se llama compost, y además estábamos en el campo, y allí todo se biograda, hombre ya, con las leyes progres. 
La cosa, ahora viene lo más fuerte, es que en cuanto me he visto el percal, y que me había tocado en suerte cruzarme con un senderista cagueta, he pronunciado las palabras mágicas: TRANQUILO QUE MI OSO ASESINO DE MEDIA TONELADA NO HACE NADA, palabras-bálsamo que hubieran debido tranquilizarle de inmediato, pero qué va, el chico seguía paralizado, como desconfiando de Gomi y de mí, y entonces, he añadido: ES MÁS ESCANDALOSO QUE OTRA COSA. Y viendo que nada surtía efecto, al final, oye, lo he tenido que atar (al oso). Y entonces, flipas, resulta que ha sido ponerle la cadena y el bozal a Gominola, y el pazguato del runner se ha puesto como un energúmeno y ha empezado a despotricar: que si él no tiene porque conocer a mi oso, que cómo se me ocurre llevarlo suelto, que en vez de él podría haber sido algún crío y haberle cogido miedo a los osos de por vida, y que me va a denunciar y no sé qué sarta de tonterías más. Menos mal que mi Gominola no lleva muy bien que nadie me grite y de cuatro zarpazos se ha desatado, sacado el bozal, y devorado allí mismo al corredor (que estaba algo gordito por cierto, Gomi no se lo ha podido acabar y hemos metido sus restos en la mochila, para la cena) si no, igual tengo un disgusto con las autoridades…
*Dedicado a los amables excursionistas que me dijeron lo de “tranquilo que no hace nada” y “es más escandaloso que otra cosa” cuando me topé con su perro hace un par de semanas mientras corría por la montaña. Ellos venían tan panchos, y tan atrás, que llegué a pensar que mi pesadilla se había hecho realidad (encontrarne con un perro abandonado y rabioso, mientras corro por el campo). Cuando pasan estas cosas  por favor haceos cargo de la situación cuanto antes, lo de “no hace nada” sirve para eso exactamente: para nada.

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4 comments

  1. Elficarosa · marzo 28

    Jajajajaja, me haces reír, pero tienes toda la razón en lo de los perros. Saludos.

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  2. despuesdemedianoche · marzo 29

    Las correas están para algo…Muy bueno el texto. Felicidades

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  3. torpeyvago · marzo 29

    Justo este fin de semana pasado en Cabañeros me encuentro a una chica con cuatro perritos sueltos. Bueno está que a esos de medio pisotón los mandas al paraíso de los cánidos —que los pobres no tienen culpa, la tienen los maleducados de los dueños, de los que son maleducados—. Pero se iban, como animalicos que son, metiendo por todos lados, en el agua, por entre las piernas de los excursionistas —lo que da mucha risa cuando vas por un sendero estrecho—, ramoneando, espantando bichos… y eso que hay carteles «partar» pidiendo que se lleven atado. Se lo comento a la sujeta, y encima va y me mira mal. Estuve por ponerle a ella una correa y un bozal.

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  4. Las tejas rojas · marzo 29

    me identifico totalmente, he tenido que cambiar de ruta harta de encontrarme con un “no hace nada” cada día, además que con los ejemplares que me encuentro no te creas que se diferencian mucho de tu oso, el tamaño de la boca es el mismo.

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