Y mientras tanto, en el séptimo cielo…

Debido a los últimos ajustes que el gobierno celestial, uno y trino, había promovido entre el funcionariado, Gabriel, ángel de la guarda, tenía que trabajar más horas por menos sueldo. Una tragedia, ya que la hipoteca de su casa, un coqueto cumulonimbo adosado que había comprado en tiempos de bonanza (‘porque los cirros y los nimbos nunca bajan, decían’), era carísima y suponía prácticamente todo su salario. Según el Espíritu Santo, eran recortes necesarios, con la prima de fe por los suelos, la tasa de ateísmo por las nubes, y la oración completamente devaluada, no había otro remedio, pero Gabriel no iba a consentir que faltara el maná en la mesa ni que sus querubines tuvieran que dejar las clases de arpa. Y, qué caramba, era un ángel, pero dudaba que pudiera soportar escuchar a su Santa Martir recordarle, ni una vez más el discursito sobre vivir por encima de sus posibilidades y que ojalá se hubiera casado con aquella deidad menor de 9 cabezas, 18 piernas y 23 penes, que la pretendía. A veces, tenía la tentación de hacer como su primo Luis Cifer y mandar a la mierda al Jefe. 

Indignado, decidió que había llegado la hora de actuar: al día siguiente no iría a trabajar. Haría huelga de alas caídas y su protegido no contaría con inestimable ayuda para salir indemne de los peligros que lo acechaban. Que hubiera rezado más.

Mientras tanto, en el campamento base, a los pies del Annapurna, un escalofrío recorre la espina dorsal del alpinista Jorge Montañés. Se da la vuelta en el saco, sacudiéndose el mal presagio de la cabeza de un manotazo. Al día siguiente alcanzará la Gloria.

Literalmente.

Cantando con los auriculares puestos, todos somos Plácido Domingo. Pero no.

A veces, cuando tengo los auriculares puestos me crezco, y canto, sí, canto como Joselito aunque, en lugar de un pequeño ruiseñor de las cumbres, tenga más bien la pinta de un pequeño pterodáctilo del jurásico, las cosas como son. Que canto, decía, y con la vibración eléctrica de mis cuerdas vocales, con mi chorro de voz pristina, argentina y cristalina deleito a transeuntes, automovilistas y señoras/señores que van al Súper a comprar el surtido diario de aceite de Palma, porque habitualmente efectuo mis artísticas performances mientras hago ejercicio por la calle, vestido de colores fosforescentes que no combinan en absoluto porque me pongo lo primero que pillo, y muy, muy sudado, porque yo en cuanto muevo un poco mi cuerpo serrano, sudo a chorros, sí, tenéis razón, quizá podría haber obviado estos dos últimos datos. Y soy, además de un portento de la naturaleza, un ecléctico, que lo mismo te canta el Nessum Dorma, que temas más contemporáneos como este que ponen a todas horas del “Déjame traspasar tus zonas de peligro hasta provocar tus gritos y que olvides tu apellido” (que viene siendo un ¿te has depilao, Maruja? Pues ven acá p’acá que te voy a poner mirando a Cuenca y vamos a hacer el 50 sombras de López right now), “El Pepinaso” de Los Payasos de la Tele featuring Leticia Sabater o la de “Súbeme la radio y traeme el alcohol que quita el dolor” (que digo yo que podría ir él a hacer ambas cosas en lugar de andar rascándose la huevada en el sofá). Y la verdad es que teniendo tanto talento como tengo, que la gente decida cambiarse de acera en lugar de hacerme los coros o incluso salir de sus coches para hacer una coreografía grupal que sin conocerse de nada, todos ejecutan a la perfección como en Fama o en La La Land (me fascina esa coordinación conjunta. Yo he intentado ser la chispa que prende la llama del baile colectivo y sincronizado, levantándome a bailar el primero y lo único que he conseguido es que me echen de la biblioteca, de dos cafeterías y de la Iglesia de mi barrio y llamadas en masa al 112 “porque a un tipo le está dando un chungo”), pues todo esto debería haberme dado alguna pista sobre mis facultades musicales. Pero no, siempre he preferido vivir en la ignorancia, hasta hace un rato.

Iba hoy caminando con mi Santa, por la Vía Verde de Oropesa del Mar, cuando en mi Playlist de Spotify “Retorno al Pasado” han empezado a sonar los ¡UH! y las primeras notas de Eloise, en la versión que Tino Casal hizo del tema que Barry Ryan popularizó en el 68 y que es uno de esos raros casos en los que una versión trasciende más que el original.

-Pero hijo ¿qué haces maltratando así el organillo Casio que te regalaron tus tíos los que nos odian, para la comunión? Han venido los vecinos a quejarse.

-Mamá déjame tranquilo, déjame vivir, estoy aprendiendo a tocar el sintetizador por mi cuenta, con el método aporreador de los góticos moreno y rubio del video de Eloise.

-¿Y eso incluye aporrearlo con la tapa de la cacerola en la cabeza, al camisón de la abuela y la boa de plumas? ¿No te dije que no sacaras la boa de plumas del cajón prohibido de papá y mamá?

-Chi. Quiero el virtusismo de los góticos tenebrosos aporreadores, y el look del de la guitarra. Lo quiero todo.

-(Ojalá nos hubieramos comprado una pareja de agapornis como quería tu padre… )

-¿Qué?

-Nada, nada…

Recuerdo perfectamente la primera vez que escuché esta canción: estaba yo en el sofá de mi casa repantingado como Enriquito Iglesias cuando le pide a sus compis que le suban la radio y le traigan el alcohol “que quita el dolor”, (que soy yo y le pongo la emisora del Losantos y le llevo el Betadine, menudos huevos tiene: ¡ve tú hombre!¡Muévete un poco!), y la pusieron en los 40 Principales. Debía tener yo unos 14 años y recuerdo que pensé “¿Pero qué magia maravillosa y sorprendente es esta?”…

Pero eso fue hace 30 años y podía permitirme estar repantingado en el sofá. Ahora tengo que salir a quemar la megalorza que se ha instalado alrededor de mi cintura, y en ello estaba insisto, (es que con tanta divagación alguien igual se ha perdido) hoy, por la Vía Verde, con mi mujer, y varias docenas de desconocidos, y con los auriculares puestos, cuando ha sonado el tema del gran Tino Casal. Pues oye, cuando me he querido dar cuenta estaba cantando 🎵ELOIIIIIIIISEEEEEEEEE DOLOR EN TUS CARIIIICIIAAAAAAAS🎵 en falsete y en unas frecuencias de espectro hiperagudo en la escala cuántico-absurdi, que debían estar interfiriendo en las comunicaciones por teléfono móvil y volviendo locos a los perros de media provincia. Mi mujer me ha mirado y no ha hecho falta que diga nada. Su ojos han hablado por ella. Y creedme no me estaban diciendo “qué suerte tengo de haberme casado con un profesional de la canción, todos nos miran de pura envidia” u “OTRA, OTRA” o “QUE LA REPITA, QUE LA REPITA”. NO. Estaba diciendo pareces un mono aullador. Pero yo, como la conozco pues he seguido cantando porque sé que lo hace para que mejore. Para que crezca como persona. Aunque esa mirada… Hum, esa no se la había visto nunca.


VIERNES DANDO LA NOTA

El Viernes dando la nota es un carnaval de blogs en el que todos los blogueros participantes dejamos una canción y entre todos hacemos del viernes un día lleno de música.

Si quieres participar, sólo tienes que publicar en tu blog una entrada con una o varias canciones que te gusten, que signifiquen algo especial para ti, que quieras que descubramos, que no puedas quitarte de la cabeza… y enlazarlo al Viernes dando la nota. ¡Tienes tooooooda la semana hasta el siguiente VDLN!

Recuerda viejas canciones, rememora momentos, conoce nuevos artistas, y sobre todo, ¡baila, canta y diviértete!

Si quieres saber más, conocer las reglas, y cómo participar puedes verlo todo aquí.

Para ver los blogs que participan esta semana, pincha en el botón de la rana azul. 😉

La oveja negra

Mi hermano fue tronista de ‘Mujeres y hombres y viceversa’. Allí conoció a su mujer, que ahora es la tertuliana más conflictiva y macarra del ‘Sálvame Deluxe’.

Mi hermana, tras su expulsión disciplinaria de ‘Gran Hermano’, trabaja como doble de luz de Jorge Javier Vázquez en ‘Supervivientes’. Al final, ha conseguido sacarle partido a su hirsutismo.

Mi sobrino ha participado en  Masterchef Junior y cuando viene a mi casa a cenar, en lugar de nuggets con patatas fritas, como cualquier niño normal, exige que le haga cosas como ‘atún negro al aroma de jengibre y espuma de trufa’.

Mi madre, que fue azafata del ‘Telecupón’, y ahora presenta un programa de videncia en directo, recurrió a ‘Hay una cosa que te quiero decir’ para reconciliarse con mi padre. Estaba enfadada porque él se había presentado al casting de ‘Pekín-Express’ sin ella.

Mis primos hacen botellón en los polígonos donde saben que van a a ir los de ‘Callejeros’ y mi abuela salió en ‘Tú sí que vales’ con un número de ganchillo extremo: colgada boca abajo de un trapecio tejió un cojín hecho con hilos de lana de colores y tapones de vino tinto, en tres minutos y medio. Se dislocó la cadera y el jurado le dijo cosas horribles, pero ahora se ha convertido en un ídolo para la tercera edad y no para de hacer bolos en Benidorm. Incluso ha sido telonera de María Jesús y su acordeón.

Y yo, Ingeniero de caminos, canales y puertos, llevo toda la vida intentando encajar en esta familia, deseando escuchar aquello de ‘estamos orgullosos de ti, hijo mío’. Pero no. Para ellos sólo soy la oveja negra.

Querido diario: ¿te acuerdas del ridículo que hice cuando fui a comprar manzanas ‘de las que crujen’? Pues hoy… He vuelto al mercado.

Querido Diario:

¿Te acuerdas del ridículo que hice cuando fui a comprar manzanas ‘de las que crujen’? 

Pues por lo visto, no tuve bastante, porque hoy… He vuelto al mercado.

He ido directo al puesto de verduras y he pedido la vez. Las señoras que había diseminadas por la parada sin orden ni concierto se han girado y mirado extrañadas…Como si en lugar de un atractivo joven con el pelo entrecano y una interesante barba ejerciendo de amo de casa, hubiera aterrizado ante sus ojos un extraterrestre baboso supurando pus: ¿pedir la vez con lo divertido que es colarse las unas a las otras?

Como yo insisto en pedir la vez, una señora me dice, literalmente:

-La última es mi hermana QUE NO ESTÁ, pero va detrás de mí. Yo me voy a por tomates allí- al quinto pino-, pero a mi hermana le tengo guardada la vez. Si viene, va ella.

Y se da media vuelta, y desaparece por un pasillo dando saltitos.

En resumen: no sé detrás de quién voy. El puesto es alargado y no paran de llegar marujas que se cuelan por todos los rincones.

Sudores fríos me invaden.

Delante de mí se coloca una señora/asesora que viene con su hijo/aprendiz al lado. Me recuerda a mí mismo, la semana pasada. Se han colado por la tangente y se han colocado justo delante de mí sin ningún tipo de rubor.
En ese momento, una señora, que está en el puesto de al lado se gira, me mira fijamente, y me dice:

-Aquí, si no espabilas, se te van a a colar todos.

Un escalofrío recorre mi espina dorsal. Joer, ha sido como en una película de terror cuando el que está más loco mira fijamente al protagonista y le suelta algo muy lúcido y muy terrorífico (¿Habéis visto ‘Los sin nombre’?). Envalentonado me dirijo a la señora/delincuente y le digo:

YO: Disculpe señora… ¿Ustéd es la hermana de la señora que tenía que venir?

ELLA: (sin dudarlo ni un instante) SÍ

En ese momento me doy cuenta de que el hijo mira hacia otro lado, avergonzado de los métodos rastreros que emplea la otrora santa mujer que le dio la vida. Eso acaba de decidirme: NO ME FIO.

Gracias a los dioses la señora que se fue a por tomates (por lo que ha tardado, ha debido ir a comprarlos a Murcia) aparece como por arte de magia y entonces yo, como si fuera el abogado fiscal hablándole al testigo principal del caso, en una película de juicios, le digo:

YO: ¡SEÑORA!…¿ES ESTA ES SU HERMANA?

SEÑORA DE LOS TOMATES: No, mi hermana está allí comprando aceitunas.

Entonces, dirigiendome con mucha rabia, pero muy digno, a la señora, le digo:

‘¡Ajá! Pues entonces, voy yo’.

¡JAJAJAJA! ¡Prueba superada! He ganado mi primera batalla en el mercado. De todos modos, algo me dice que no será la última. Porque ya domino el mundo de la hortaliza, sí, pero aún tengo que pasar la más dura de las pruebas… Tengo que comprarme unas cangrejeras para ir a la playa, así que la semana que viene voy al nucleo duro del mercadillo…

La semana que viene voy…¡A la zona de zapatería y textil!

La primera vez

No recuerdo mi primera vez, básicamente porque nunca ocurrió. Y no ha sido por falta de oportunidades, no se crea, muchos mozos me vinieron a rondar, pero desde que manché por primera vez, madre siempre me repetía lo mismo: “no la pierdas, hija, no la pierdas”. Y claro, yo la obedecía… pero los novios me duraban dos Nodos: todos acababan dejándome por otras mozas menos remilgadas. Asi que, cuando me quise dar cuenta, me había quedado para vestir santos.

Con 50 años yo aún estaba de buen ver, y tengo que reconocer que estuve a punto de hacer una locura y encamarme con Paco el tendero, un buen hombre que se había quedado viudo, pero justo cuando había tomado la decisión, madre cayó enferma y, siendo hija única, comprenderá usted que tuviera que cuidarla hasta que Dios quiso llevársela. No es que me queje, no me malinterprete, aunque me haya arruinado la vida, quería mucho a mamá, pero le costó bastantes años al Altísimo decidirse, la verdad.

¿Que si me arrepiento?

Pues hasta hace poco tiempo no, estaba resignada a morirme sin catar los placeres de la carne, pero no hay como el aliento de la muerte soplándole a una en la nuca para darse cuenta de que, me perdone Dios, lo mejor es probarlo todo en esta vida, por si la eterna al final resulta ser un invento de los curas.

Y por eso está usted hoy aquí, joven… ¿Prefiere que vayamos al dormitorio directamente o le apetece tomar un cafetito primero?

En casa de herrero…

—Pero… ¿Por qué es de palo?

—Es metafórico, ya sabes, los dichos populares son una manera de…

—Ya, bueno… pero el tipo es herrero, podría hacerse un cuchillo de hierro, si quisiera.

—Claro, mira, verás, no es más que un refrán… Igual le estás dando demasiada importancia.

—…O de acero inoxidable. Si es un herrero mañoso y tiene el instrumental adecuado…

—Metáfora… Jijoja…Refrán… jojujo… Dicho popul…

—Pero, ¿de madera? Pues vaya mierda de herrero.

—Ggggggg…

—Un cuchillo de palo, se compra el inútil… ¡Pero si eso no debe ni cortar!

—(…)

—Uy, te tiembla un ojo. ¿Te encuentras bien? Oye…. ¿Adónde vas? ¡No corras, que casi llegamos a mi apartamento!

*Aunque era guapo y rico, Paco volvía a casa solo, una vez más. Nunca imaginó que su incapacidad para entender los refranes, o lo que es peor, entenderlos de modo literal, le acarrearía tantos problemas… Mientras se bebe un Chivas de 74 años escandalosamente caro en su ático loft, piensa en que ojalá fuera pobre y feo pero un poco más despabilado, como su primo aquel que fue a Pasapalabra y desde entonces no deja de mojar el churro, y se consuela pensando en que a su primo sólo lo quieren por su intelecto, y que MÁS VALE ESTAR SÓLO QUE MAL ACOMPAÑADO, y… ¡Espera!*