Solo amigos 

La intención de seguir siendo solo amigos se va al traste cada vez que ella, sin darse cuenta, roza su mano. Él, alentado por el intenso aleteo de las mariposas que, invariablemente, se produce en su interior cada vez que esto sucede, acaba intentando besarla. Ella, tras hacerle la cobra, sonríe con picardía y se muestra siempre igual de tajante: su relación es demasiado especial como para estropearla yendo más lejos. Y él, resignado, se conforma porque, qué le va a hacer, la ama con todo su ser.

Pero hay una cosa que él no sabe y es que, aunque ella no se sienta en absoluto atraída por su físico, necesita su compañía desesperadamente, y no va a renunciar nunca, jamás, a su amistad, porque le encanta que él le escriba versos —una faceta suya que la mayoría desconoce— que la mire ‘de esa manera’ y, sobre todo que la haga reír, cosas que su novio, obsesionado con sus bíceps y con la explotación de las fincas de espinacas hiperférricas transgénicas, hace mucho que no se esfuerza en procurarle. Por eso, cada cierto tiempo, cuando se da cuenta de que su amigo está algo distante, porque ha conocido a alguien, como ocurrió hace un par de semanas —no hay modo de mantener alejadas a esas pájaras— o simplemente porque está algo deprimida y necesita un subidón de autoestima, Olivia decide rozar de nuevo la mano de Brutus, así, sin darse cuenta…

Hermosos y Mágicos

La vida de los unicornios puede parecer de color de rosa: todo el día trotando felices por sus mundos de luz y color, vomitando arco iris preciosos con sabor a McFlurry, viviendo en la opulencia, gracias a la venta de su sangre a Epson (la sangre de unicornio es el ingrediente principal de la tinta de impresora, de ahí sus precios, que te cuesta más un cartucho que comprarte una impresora nueva, hombre ya. Por cierto, HP emplea sangre de hada recién fulminada, los muy HP) y, los fines de semana, saliendo al campo a empalar gnomos y trasgos (una afición que los cuentos no se han preocupado jamás de mencionar, por cierto). Pero no, la vida de los unicornios no es todo un jijí y un jajá constante. Si pudierais observarlos por un agujerito, os daríais cuenta de que los unicornios… también lloran.

¿Que cómo lo sé? Pues veréis, después de hacerme un revuelto con unas setas de colores que encontró mi padre en el monte, me metí en el ropero y aparecí en Narnia. Os lo juro. Y oye, estaba petado de unicornios aquello. Y muchos me contaron historias desgarradoras. De hecho, hace poco, los amigos del blog dedicado a la ciencia ficción y el terror NGC 3660 publicaron una de ellas.  Podéis leerlo AQUÍ  o un poquito más abajo. 

Hermosos y mágicos

Suspiró y recogió dos platos. El tercero seguía delante de su hijo. El pequeño Alicornio se había negado rotundamente a cenar alfalfa hervida y ella había sido tajante: no se levantaría de la mesa hasta que se la hubiera acabado.

Estaba tan cansada… Ese mismo día Pegaso, su marido, había vuelto del trabajo con las pezuñas llenas de barro dejándolo todo perdido. Aún espera una disculpa. Desde luego, no es fácil la vida de una unicornio ama de casa.

Ah… Cómo le gustaría ser un Humano, esos seres hermosos y mágicos de los cuentos.

 

Frases de madres del siglo XXV – (II)

—Máma, dame 500 pruskins para echarle plutonio al teletransportador, que este finde quiero llevar a mi churri a que vea los Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser.
—¡Pero bueno! ¿Será posible? ¿Pero tú qué te has creído, que soy el Banco de las Repúblicas Federales Ibéricas? Me tenéis harta. Un día de estos cojo la compuerta y me voy.

Método revolucionario para rejuvenecer

Siento ser yo el que os lo comunique, pero a estas horas el domingo ya ha sido mordido e infectado por el virus de la productividad y está a punto de convertirse en un monstruoso y aterrador lunes, que se alimentará de toda la diversión y descanso que hayáis acumulado durante el fin de semana y os exigirá toda la atención y esfuerzo de vuestros cerebros (cereeeeebrooossssss)  para acometer vuestras ocupaciones. Es el ‎’The Walking Monday’.

Conmigo el lunes tendrá que tener un pelín más de paciencia de la habitual, pues con el domingo, acaban también mis vacaciones. Parece que fue ayer cuando salí de la oficina dando vueltas con los brazos abiertos como Julie Andrews en Sonrisas y lágrimas y, cuando me he querido dar cuenta, ya ha pasado una semana. Hay situaciones en las que el tiempo pasa despacio pero, desde luego, las vacaciones no es una de ellas:

Qué rápido pasa el tiempo… Menos cuando:

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1) Le secas el pelo a tu hijo con el secador.
2) Miras pasar los segundos mientras calientas algo en el microondas.
3) Te toca la señora entendida en melones justo delante de ti en la frutería
4) Hacen la pausa publicitaria de ‘volvemos en 6 minutos’ de Antena 3.
5) Observas la tostadora para controlar que la tostada no se carbonice.


Entonces no, entonces se hace ETERNO.

En fin, el caso es que acaba una semana dedicada a disfrutar de mi familia y donde he practicado a conciencia el noble arte del dolce far niente y, como no, el del dolce far comer piú de la cuenta… mientras intentaba no caer en el ‘dolce qué rica está la mona de Pascua… chomp, ñam… me da todo igual… grompf, ñiam… que me quiten lo bailao, como si me tienen que poner un balón gástrico’ que he perdido 15 kilos y oye, aunque me cae muy bien, no es plan de pagarle la jubilación al dietista a base de recaídas. (Sí, curioso, ¿verdad? Ha sido cumplir 40 años y empezar a cuidarme). 

Como, durante este lapso vacacional, no me ha tocado la lotería (cosa asaz difícil, pues no juego), no tengo otra alternativa que volver al tajo. Tenemos que comer los tres y alimentar a también a Angustias, nuestra hipoteca, que traga que no veas. Come más que yo, la muy ansiosa.

Aunque después de tantos años, la verdad es que le hemos acabado cogiendo cariño. Con Angustias nos ha pasado como con ET el extraterrestre, que es más feo que Picio, sí, pero que a fuerza de mirarlo, acaba cayéndote simpático. Ahora que lo pienso, las analogías entre Angustias y E.T. no terminan aquí: E.T. decía “mi caaaaasa” y la hipoteca también…sobre todo si no la pagas.

ghostbusters800

!Hola!!Shoy Angushtias!!GÑE!!TENGO HAMBRRRRREEEEEE!! ¿Ya habéish cobrao?

En fin, con el fin de las vacaciones llega el momento de volver a llevar pantalones (parezco un heavy) y de afeitarme. Por mi trabajo, me tengo que afeitar todos y cada uno de los días del año, así que, cuando estoy de vacaciones, no consiento que una cuchilla toque mi mentón y me convierto en un hipster temporal discontinuo. 

Afeitarme el día de antes de volver al trabajo supone todo un proceso en el que invierto mucho tiempo, media bolsa de maquinillas de afeitar, y en el que me inflijo a mí mismo varios cortes y erosiones mientras maldigo mi falta de precisión y pericia con profusión de palabras malsonantes. Si mientras me afeito pronunciara conjuros en lenguas muertas podría pasar perfectamente por un chamán ejecutando un ritual para limpiar mi cara de energía negativa y pelos mediante la pintoresca técnica del desangrado facial. Pero, en contrapartida, hay una gran ventaja. La barba envejece, y cuando te afeitas te quitas unos añitos de encima como por arte de magia (y, en mi caso, hasta se me aclara el color de los ojos, oiga). ¿Que no? Mira, mira…

collage

Amor choni

Y un día, mientras estaban en el polígono pasando el rato, ahí to de buenri con sus trons, ‘Shu moRenNitoh to sHuloo’ y ‘Sha Canih to huaPaAah’ se miraron a los ojos, y él sintió como si, de golpe, todas las estrellas del universo infinito titilaran a la vez dentro de su pecho, y ella como si los cálidos rayos del sol de la mañana hubieran comenzado a derretir el hielo que, hasta ese momento, envolvía su corazón, y ambos se estremecieron y, de repente, miríadas de mariposas de los más hermosos colores aparecieron de la nada, y comenzaron a revolotear a su alrededor. Y después se enrollaron en el buga tuneao del Surmanoh Er Pelusa y, al ritmo de “A mí me gusta el Biodiesel, dame más Biodiesel mientras Perreas, mami, todo, papi, rico, perrear,
perreame, me gusta, muévelo,” el temazo electro latino del momento, se fumaron un peta del tamaño de un pepino con suh premohs Er negro, Er cabesa, Er gordo, Er chino, Er pitu y Er Nano, y se juraron amor eterno.

Cuarentañeros que deciden salir “de marchuqui” por los “garitos” a los que solía ir “la peña” a “privar” y “mover el esqueleto” en sus tiempos.

Cuarentañeros que un día, vaya usted a saber porqué (¡con lo a gustito que se está en casa viendo maratones de Netflix!), deciden dejar a los niños con los abuelos y salir a cenar y a dar una vuelta y que, a eso de las dos de la mañana —que a juzgar por lo que les duelen los pies y la ciática parecen las cinco—, tienen la ocurrencia (ebrios de nostalgia, y probablemente de gintonics), de salir “de marchuqui” por los “garitos” a los que solía ir “la peña” en sus tiempos mozos, a “privar” y “mover el esqueleto” esto es: cuando se llevaban los pantalones por los tobillos, las chaquetas vaqueras con el cuello de borreguito, zapatones y calcetines blancos con su rayita roja y azul y sus raquetitas, y se bebían cosas de colores variopintos en vasos de litro sin importarles consumir también una importante cantidad de las babas de sus compañeros de bebercio. Esa época en la que había apenas dos marcas de ginebra y se bebía siempre con coca-cola (CubaLibre), y la tónica era un brebaje amargo consumido masivamente por la gente abstemia al alimón con el Bitter-Kas.Y que se dan cuenta con horror —los cuarentañeros, sintiéndose cada vez más cuarentones— de que los antros que no están cerrados y ahora albergan un Corte Chino, han cambiado de nombre y definitivamente de ambiente, y que los que ahora bailan —válgame el señor— MIENTRAS MIRAN SUS MÓVILES , huelen la decrepitud de los recién llegados a kilómetros y cuando los ven entrar, en lugar de gente madura de espíritu joven ellos ven a seres de otra galaxia o a unos ancianos decrépitos que se han perdido de camino al festival de coreografías del hogar del pensionista.