Amor de madre

—¡Puede que nos quiten la vida, pero jamás nos quitarán…LA LIBERTAAAAAD!

—Todos los días igual… Ponte todo lo digno que quieras Manolito, pero hasta que no acabes los deberes, no hay tablet. ¡PACOOOO!… ¡Deja un ratito los mejores goles de la liga ugandesa que llevas viendo nueve horas y trae la acetona, que tu hijo ha vuelto a pintarse la cara de azul con el marcador fosforito! Desde que su Youtuber de cabecera recomendó a todos los acólitos a su canal/secta, que vieran Braveheart está de un insoportable… ¿Me estás escuchando PACO, o le estoy hablando a la pared?… ¡PAQUITO sal ya del váter, que llevas ahí una hora y todos sabemos que no te estás peinando, que has entrado con el portátil y se te oye jadear, haz el favor de pasarle un trapito con alcohol al teclado cuando termines, y por el amor de Dios, borra el historial de navegación que después tengo pesadillas. ¡YENI!, deja de hacer twerking ante desconocidos por el Periscope y… ¡¡NO ME VUELVAS A DECIR LO DE “CLARO QUE SÍ GUAPI” O VAS CON TU HERMANA LA TIMADORA DE ANCIANAS POR INTERNET AL INTERNADO!!, qué ocurrencia tu hermana, vender sonotones a 2 euros y luego enviarles a los pobres ancianos un conguito de chocolate blanco… Me tenéis harta, ¡HARTA! Un día de estos cojo TODOS los dispositivos móviles y fijos y hago una hoguera. Hago una hoguera. Hago una hoguera. Hago una hoguera. Hago una hoguera.Hago una hoguera. Hago una hoguera…

* Manolito acaba sus deberes, Paco padre apaga youtube. Paquito sale del váter, la Yeni cierra el Periscope, y todos se acercan hasta el dispositivo androide MATER 2.0. Paco acciona una palanquita detrás de la oreja derecha, y le hace un reset. Se parece bastante a la original, sí, pero se atasca cada dos por tres y, aunque riñe muy bien, los guisos tienen todos un regusto metálico bastante desagradable y los abrazos y besos son fríos y mecánicos. La echan tanto de menos…*

Adiós, operación bikini. Hola, operación túnica.

Esta mañana, he hecho un llamamiento al espacio infinito sideral para que cumpla con su función, esto es, conspirar para hacer realidad mis sueños, anhelos y deseos.

Como entiendo que el universo tendrá una lista de espera acojonante, sobre todo después de que Coelho y compañía se hayan ido de la lengua con las virtudes mágicas del cosmos, para facilitarle el asunto, me he inventado un rito catalizador que consiste en plantarme delante del espejo y, durante veinte minutos, repetirle a mi reflejo el siguiente mantra:

“¡Energía cósmica del universo: que mis lorzas se evaporen durante la noche, como lágrimas en la lluvia. Hazme perder un quintal para, por orden de importancia, poder meterme en el traje de la BBC (Bodas, bautizos y comuniones) y lucir tableta abdominal en verano! ¡Hazme perder peso, yo te lo ordeno!”.

“¡Hala! ¿Y ha funcionado?¿Cuánto has perdido?”, me preguntarás (para hacerlo tú también, claro, porque tu concepto de lucir tableta es bajarte a la playa con la tabla de lavar la ropa que heredaste de tu tía Ambrosia”). Y yo, pues te responderé la verdad: que he perdido en total la friolera de…. veinte minutos. (Bueno, en realidad he engordado 300 gramos, porque he pensado: “bah, como el universo me va a hacer adelgazar, me puedo comer medida docena de galletas Granola, mientras hace efecto, ¿no?”).

Así las cosas, he decidido olvidarme de la operación bikini, y poner en marcha el plan B. Lo voy a llamar la ‘Operación Túnica by Demis Roussos’ con el que, además de adelgazar, y rendir homenaje a un grande, (en todos los sentidos), pienso forrarme.

Pensadlo, con la túnica todo son ventajas:

  • Disimulan las lorzas como ningún otro atuendo.
  •  Se acabaron los cinturones y las apreturas.
  •  Vas fresquito, ventilado y puedes ir con los huevos colganderos.
  •  Puedes reciclar las telas de las cortinas.
  •  En lugar de señalarte con el dedo y decirte: “mira, ahí va un fanegas que no tiene respeto por su cuerpo que es su templo”, la gente dirá: “¡Mira, es Dumbledore!”
  •  Facilita mucho los rolletes veraniegos. En un plis-plas, túnica arremangada, y al lío.
  •  Llama tanto la atención que no hace falta que te peines nunca más. (Al amigo Roussos le funcionaba).
  •  Los creativos del Carnaval de Tenerife, Cádiz y Vinaroz tendrían trabajo todo el año.

PD: Busco socio capitalista, que no le tenga miedo a los retos (ni al fracaso) para volver a poner la túnica de moda.

PD II: ¿Cuándo nos hemos vuelto tan aburridos? En los 70 no tenían sentido del ridículo, probablemente porque todos estaban medio ciegos debido a los brillos de las lentejuelas, al LSD, o a una combinación letal de ambas cosas, pero no puedo evitar pensar que, al lado de estos personajes setenteros (Roussos, Abba, Tony Ronald, Bowie, etc, etc, etc), Lady Gaga, Christina Aguilera o Miley Cyrus no son más que unas mojigatas conservadoras jugando a ser transgresoras. He dicho.

Yayas del futuro

—Y ahora, nietecitos míos, os voy a enseñar las selfies que me hice poniendo morritos, en el baño de la casa de vuestros bisabuelos, cuando era joven y tenía todos los miembros originales. Son sólo chorrocientas mil veintidos. Desde el 2036 hasta el 2038. Dos añitos de nada…

—¡Jopé abuela, que janclamancla* estás últimamente ya veo que no nos vas a dejar ver la mentele* tranquilos. Vale, enséñanoslas, pero date janguca* que está a punto de empezar el “Androides y Cyborgs y Viceversa” presentado por la cuarta clonación de Emma García y hoy promete estar super chumfrante* no, lo siguiente*!

*Jerga del 2116

Si no quieres ser como estos, lee.

—¿Libro favorito?

—¡El de lomo!

—¿Podrías recitar de memoria algún verso de tu poema favorito?

—La poesía me da alergia, se me cierra la glotis… ¿Vale una canción?

—Sí

—”Cho cho cho fe pare el taxi, cho cho cho cho cho fe pare el taxi”.

—Y de Cortázar, ¿qué opinas?

—No me gusta. Al pan se la quito siempre.

—Enhorabuena, eres el nuevo tronista de Mujeres y Hombres y Bíceps-Berzas.

Microfotorrelato. Hoy: Cuestión de tiempo

Hoy es martes. Y los martes toca lentejas. Siempre. Todos y cada uno de los martes del año, llueva, truene o haga sol: lentejas. Cuando me las plantan delante yo arrugo el morro, claro y entonces mamá, siempre me dice lo mismo: “Toni, hijo, yo no me pienso sulfurar. Ahí tienes las lentejas, si quieres las tomas, y si no, las dejas”. Qué chispa tiene mi madre. Como si dejarlas fuera una opción. Algunas veces lo he intentado, ojo, y al final me las he tenido que comer para merendar, muerto de hambre. Y encima, ese día me quedo sin bocata de nocilla, así que estos pulsos psicológicos los gana siempre ella. Estoy harto. Juro que cuando sea mayor no volveré a comer lentejas, jamás, ni loco. Que no consiga el cromo de Arconada si falto a mi palabra. Mi casa será un lugar libre de esa porquería. Y mis hijos sólo comerán pizzas, hamburguesas, y marranadas a todas horas… 

Bueno, he dicho que todos los martes toca lentejas y eso no es del todo verdad. Hace un par de semanas, al volver del cole, encontré a mamá toda sofocada en la cocina. Había estado llorando, la conozco desde que nací, y soy bueno detectando esas cosas. En cuanto me vio, me cubrió de besos y abrazos y me dijo que ese día, martes, sería el primero sin lentejas desde que yo tenía uso de razón. Y que era por mi culpa. Porque hacía un rato, yo mismo, pero mucho más mayor, había venido del futuro (“¿Estás segura de eso mamá?, dije yo. “Tan segura como que te he parido, hijo”, dijo ella), y me las había comido todas…